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martes, 28 de junio de 2016

Es de suma importancia saber educar a nuestros hijos...



Esta frase es muy cierta, se trata de saber educar y concienciar a nuestros hijos para que se conviertan en adultos responsables y respetuosos.
Pero no voy a centrarme única y exclusivamente en el tema de respetar el entorno que les rodea, sino que voy a hablar del día a día de nuestros hijos con el resto de personas con las que interactúan de una manera u otra.
Yo no tengo hijos y no tengo intención de tenerlos, este tema ya lo he hablado con mi pareja y ambos estamos totalmente de acuerdo. Esto no me convierte en una persona egoísta, detesto que se me etiquete por ello, es simplemente una opción como cualquier otra. Pero si los tuviera procuraría educarles de forma correcta haciéndoles pensar y recapacitar sobre sus acciones y comportamientos. Creo que es necesario para el buen funcionamiento mental de cualquier niño que se le planteen dudas respecto a las decisiones que toma en todo momento, sólo así es capaz de discernir entre lo que está mal y lo que está bien.
De un tiempo a esta parte me he convertido en una persona mucho más observadora que antes y esto me ayuda a conocer mejor a los demás y como no, conocerme mucho mejor a mí misma. Es por ello que he ido notando que muchas veces no se educa bien a los niños y eso es un fallo que habría que corregir antes de que sea demasiado tarde. 
Para enfocar esto voy a comentar una anécdota que ha ocurrido hoy en el gimnasio. Una mujer mayor estaba con sus dos nietas, una de ellas era pequeña, debía tener alrededor de ocho años y la otra rondaría los catorce o quince. Pues en un momento dado la niña pequeña se ha tirado un pedete y se ha puesto a reír a carcajadas comentándolo con la abuela y con la hermana que también se han unido a las risas. En el vestuario también habían dos mujeres más y al parecer a todas les ha hecho mucha gracia, menos a mí y explico por qué. Todos tenemos gases, es algo muy normal pero si eres una persona educada y respetuosa con los demás no dejas que se te caigan por ahí sin más, digamos que procuras ir a un lugar lejano o hacerlo en la intimidad de tu casa. Sino estás educado sólo te falta dedicarlo al resto y ponerle un nombre. Francamente si a esa niña no se le dice de buenas maneras que eso no es algo respetuoso, cuando crezca no le importará lo más mínimo con quién esté o donde se encuentre por qué lo interpretará como un juego y no habrá quién pare ese esfínter. 
Yo siempre lo he dicho, no es bueno reírse de estas cosas delante de los niños, porque no les estamos enseñando. Lo mismo ocurre si el niño dice palabrotas o grita, al parecer a muchos adultos eso de que el niño utilice tacos, se refiera a sus hermanos con groserías o suelte alguna vulgaridad a alguien, les provoca mucha risa. Pues francamente yo no lo veo la gracia alguna. A mi en mi casa no me educaron para soltar improperios cada dos por tres y mucho menos cuando era una niña. Ahora que soy adulta yo decido si en algún momento debo soltar un taco si la situación lo merece, pero no es mi estilo.
Lo mismo ocurre si el niño grita, muchos padres dejan que el niño se agote, tenga dolor de garganta o acabe con la paciencia de cualquiera que gustosamente le taparía la boca con cinta aislante durante un buen rato. Eso está mal, hay que dialogar, hay que preguntarle por qué grita y hacerle entender de que las cosas no se consiguen así. Entiendo que es mejor soltar una buena hostia marcando los cinco dedos a fuego en la cara del crío o dejar que se canse o se quede afónico, pero lo repito, no es la solución.
Estas situaciones lamentablemente se repiten cada vez más en esta sociedad, no se muy bien que ocurre, pero se nota cierta aceleración en términos generales y eso afecta a la convivencia familiar, sobre todo de cara a los hijos que son quienes sufren las consecuencias de la ira de sus padres.
Por eso hay que pensar muy bien si realmente se quieren tener hijos, porque esto es para toda la vida y no se aceptan devoluciones. Ya que la cosa no es dejar un planeta en condiciones a nuestros hijos, sino dejar hijos en condiciones en el planeta.
¿Qué opináis?




Gubi's place.




domingo, 5 de junio de 2016

Con la crisis el Ambulatorio ha dejado de ser el centro social de la tercera edad.




Desde el cariño y el respeto más absoluto quiero comentar que desde que la crisis asoló nuestro país las cosas han cambiado mucho en las zonas de espera de nuestros ambulatorios. Es un hecho que puedo corroborar al 100% ya que años atrás aquello parecía un centro cívico donde los carteles de "Se ruega silencio", se respetaban de la misma forma que los conductores respetan a los peatones en los pasos de cebra señalizados con marca vial...imaginaos, podías traer las cartas o algún juego de mesa para echar unas partiditas con los abuelos mientras esperabas a que el médico te llamara.
¿Recordáis haber vivido alguna escena parecida?, llegar al ambulatorio, coger número y sentirte como si estuvieras en el mercado del pueblo en hora punta. 
Muchas personas mayores iban porque realmente lo necesitaban y otras iban a ver como sus amigos esperaban al médico y así les hacían compañía porque en realidad no tenían nada mejor que hacer. Así que una cosa llevaba a la otra y si Manolo tenía que ir al médico pues Pedro y Jenaro, amigos y vecinos, le acompañaban y hacían la mañana en la sala de espera.
A veces daba la sensación de que regalaban algo o que conseguían puntos con las recetas o vales de descuento en la farmacia porque era una pasada ver a tantas y tantas personas mayores esperando, hablando, gritando, riendo...un cachondeo padre, y llegabas tú, enfermo de verdad, con cara de sino me atienden voy a perecer aquí y ustedes van a tener un problema muy gordo...y tenías que esperar con fiebre y escalofríos mientras los abuelos iban circulando delante de ti y nadie te decía: -pasa nena que haces mala cara-. Lo siento mucho pero aquello no me hacía nada de gracia y de nada servía poner cara de Uruk-Hai a ver si alguien te dejaba pasar por temer por su integridad. Los abuelos son muy suyos, aunque no tengan nada, si a Pepito le duele a Mengano también le duele y además le pica...ojo al dato.
Pero desde que estamos en crisis, apareció el copago y los recortes se han llevado por delante muchos puestos de trabajo, las cosas no son como antaño. Ahora si vas al médico ya no parece un centro social, parece un ambulatorio fantasma, sacado de la película Resident Evil cuando Alice despertaba de su estado de amnesia temporal y se encontraba un paisaje desolar y desértico. Estas en la sala de espera más solo que un astronauta a la deriva y hasta el silencio te molesta...de vez en cuando aparece otro paciente y se sienta cuatro filas más lejos y aún te sientes más incomprendido hasta que el médico grita tu nombre con tanto entusiasmo que se escucha en la planta superior. 
Alguna vez he vuelto a econtrarme movimiento y barullo en la sala de espera, pero ya no es como antes. Esto de pedir recetas para todo se ha terminado, en el fondo si se piensa con detenimiento tiene su sentido. No era normal que por un dolor de pie, te hicieran receta cuando a lo mejor habías pisado mal, el calzado no era el adecuado o te habías golpeado. Tampoco era normal que por un raguño te hicieran una receta, pero si uno se puede curar en casa no es necesario ir al médico por un cortecito o por una rascada...otra cosa es abrirse la cabeza contra un mueble pero entiendo que habitualmente eso no pasa.
Todos sabemos que hubo un momento en el que no se controlaba el tema de las recetas y los médicamentos. Además tantas recetas médicas no podían ser buenas para la salud de nadie, que si el protector de estómago, que si el antiinflamatorio, que si el antihistamínico, los antibioticos, los antidepresivos...y un largo etcétera que no tenía fin. Al final acababas por crear un cóctel de medicamentos que te destrozaban el estómago, te provocaban estreñimiento, colon irritable o problemas gastrointestinales...yo no se que era peor. 
Ahora le medicina alternativa y los componentes naturales están pisando fuerte, además los hábitos van cambiando lentamente y hay un deseo común por cuidarse más, comer mejor y acudir menos al médico a no ser que sea de absoluta necesidad.
Por ello no veo tanta cantidad de personas mayores en los ambulatorios, almenos en mi pueblo la cosa ha bajado drásticamente, salvo algún día como ya he dicho. En el que notas aquel ambientillo característico de una buena sala de espera en España, en la que el silencio brilla por su ausencia, aunque aún dista mucho de lo que fue años atrás.
¿Qué pensáis al respecto?




Gubi's place