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martes, 11 de octubre de 2016

Si mi perro oye un petardo sale como alma que lleva el Diablo...




Una vez más reconozco que una imagen vale más que mil palabras...si ellos pudieran hablar seguro que nos dirían esto en tiempo de verbenas y fiestas populares. Lo que para nosotros es un espectáculo de luz, color y sonido para ellos es una guerra estruendosa que perturba su calma y les altera enormemente.
Todos los perros que he tenido, a excepción de una que salía al balcón a ladrar y a enfrentarse a los petardos, rayos y truenos, han tenido un miedo atroz a los fuegos artificiales y a las tormentas. Buscaban desesperadamente un hueco en la casa dónde cobijarse hasta que cesara el ensordecedor ruido. Incluso en una ocasión una de ellas se metió en la bañera y no salió en toda la noche.
Y ahora que compartimos piso con nuestro nuevo miembro se vuelve a repetir la misma historia, si oye algo que él considera sospechoso o inquietante aunque se muera de ganas de salir a la calle, es capaz de aguantarse hasta el día siguiente aunque la capacidad de la vejiga ya no de más de si. Por ello hay que tener paciencia y esperar un poco hasta que no hay ningún sonido extraño en el ambiente para poder salir a pasear con él. 
De hecho el otro día lanzaron un petardo para indicar el inicio del correfoc y el perro tardo medio segundo en reaccionar y emprendió una veloz carrera hasta la portería. Debo confesar que incluso yo me asusté porque no me lo esperaba la verdad, imaginaos ellos que tienen el oído mucho más desarrollado y perciben los sonidos con mayor sensibilidad que nosotros. El simple ruido del aspirador puede llegar a ser un martirio para ellos y deberíamos tenerlo en cuenta y ser más comprensivos con estas cosas.
No se trata de prohibir las fiestas del pueblo, pero si de prohibir aquellos petardos altamente ruidosos porque no tiene ninguna gracia el hecho de que a ciertas horas del día puedas sufrir un infarto porque algún desaprensivo ha colocado una bomba en una lata o en un túnel. A parte de ser peligrosos para nuestra salud y para el inmobiliario son muy molestos y no tienen ni pizca de gracia. 
Lo bonito es disfrutar de un espectáculo de pirotecnia con luces, colores y formas; no resguardarse porque uno cree que lo están bombardeando. Quizá esta pasión por el ruido fomente que muchas personas compren este tipo petardos, pero las consecuencias pueden ser fatales, amputaciones de miembros e incluso sordera parcial y total...por eso imaginaos un perrito lo que puede llegar a sufrir si está paseando y cerca de él se tira un petardo de estas características. Hay algunos casos extremos en los que algunos han perdido la vida durante un espectáculo de pirotecnia, pero este dato a estas alturas del partido aún importa poco al ser humano.
Lo ideal sería poder vivir en el campo y así ni tener que sufrir la incomodidad de esta ruidosa y frenética sociedad. Por ahora es un sueño lejano, pero espero que algún día podamos cumplirlo.
Entiendo que para mi perrito, después de haber estado en un refugio de montaña, cerca de un retiro budista...el reencuentro de nuevo con la sociedad puede ser algo violento, porque el ruido cobra protagonismo e incluso a mí que estoy algo más acostumbrada, reconozco que también me molesta de mala manera.




Gubi's place.




lunes, 2 de mayo de 2016

Nuestras mascotas, mucho más que simples animales de compañía.










Hoy me apetece hacer un homenaje a dos hermosos seres que aparecieron en mi vida y me acompañaron durante un largo y arduo trayecto de la misma. Lamentablemente ya no están conmigo, sin embargo sigo sintiendo su presencia muy cerca de mí.
La primera es Inca, murió hace seis años, pero nunca he dejado de extrañar a este animal que se convirtió en mi amiga y hermana. Era muy bonita, llena de pelo...recordaba a Fújur, el dragón blanco de la película, La historia interminable.
 Mi madre se la encontró delante de la puerta del veterinario, atada, llena de pulgas y con un líquido lila que le recubría el cuerpo. Al poco tiempo supimos que un cazador desaprensivo la había dejado allí para no pagar sus cuidados con la intención de que un alma caritativa se hiciera cargo de ella. Creo que no pudo caer en mejores manos, ese mismo día la llevamos a casa y nos obsequió con su alegría y bondad durante casi dieciocho años, que no es moco de pavo.
Muchas personas se paraban a acariciarla porque llamaba la atención. Fue una perra muy lista, le gustaba correr tras las palomas aún sabiendo que jamás las atraparía y cuando íbamos al campo se perdía y me hacía esperarla en una piedra hasta que ella ponía punto y final al paseo. Si no quería que mi padre le cogiera en brazos se hacía la muerta...además de forma literal, tal y como os lo cuento. Que tía más lista. 
Vivió muchos años y los vivió bien, murió de vieja y ya nada pudimos hacer, exhaló su último aliento en casa, dónde merecía estar. Me guardé un mechón de pelo que aún conservo y que colocaré en un guardapelo para llevarlo conmigo. Creo que es la mejor manera de llevarla cerca de mi corazón.
La segunda es Lua, murió hace menos de un mes y aún no nos hacemos a la idea. Era un trasto, no paraba quieta, cuando la sacábamos a pasear pretendía coger el ritmo de Inca sin demasiado éxito ya que a los pocos minutos desistía. 
Lua era una bola peluda, teníamos que cortarle el pelo bastante a menudo porque sino le crecía tanto que parecía un rastafari, que pasada. Cuando quería pedir algo, se apoyaba en nuestras sillas y nos daba con las patas en el brazo mientras emitía una especie de bufido muy gracioso.
Lua también había sido abandonada, recuerdo cuando fui con mi madre a rescatarla, no paraba de correr y saltar. Ese mismo día ya estaba en casa estrechando lazos con su nueva amiga y hermana Inca. Siempre se llevaron muy bien, alguna pelea hubo, pero nada serio.
Ambas perras vivieron felices en un hogar donde se las respeto y se las trato como a uno más de la familia. 
Lua era nerviosa de narices, pasarle el cepillo o limpiarle los ojos era una tarea que exigía de una titulación especial porque no se estaba quieta de ninguna manera. La verdad es que colaboraba poco en ese aspecto. Sin embargo siempre quería jugar, te traía la pelota y se la tenías que tirar una y otra vez hasta que se agotaba y se tumbaba. También le gustaba correr de un lado a otro de la casa, menudas carreras se pegaba, parecía Carl Lewis. 
Sin embargo Inca era muy tranquila, jugaba menos aunque de vez en cuando le daba por coger una trenza de tela y estar un buen rato con ella zarandeándola de un lado a otro.
Lua tuvo que ser sacrificada, no tuvimos elección, el cáncer estaba acabando con ella...nos costó casi dos meses decidirnos, para entonces el perro ya estaba en un estado muy delicado y no queríamos que sufriera. Además recordar a un ser tan vital así, no es digno para nadie.
Cuando llegué al veterinario y me planté en la puerta, sentí las sensaciones de mi perra, creo que en aquel instante Lua tuvo un momento de lucidez, a pesar de su demencia y así me lo transmitió. Le acompañé hasta el final, no estuvo sola y no sufrió, puedo dar fe de ello. Murió en mis brazos, se apagó lentamente y murió en paz.
Es una sensación muy extraña cuando sostienes a un ser vivo al que le quedan pocos minutos de vida. La línea que separa la vida de la muerte es muy fina...más de lo que creemos.
También he guardado un mechón de su pelo y lo llevaré junto con el de Inca. Así mis dos hermanas pequeñas siempre estarán conmigo.
Me emociono al escribir estar líneas, intento no llorar pero las lágrimas se deslizan por mis mejillas.

No obstante estoy feliz, por haber recibido tanto cariño y amistad de forma tan altruista y verdadera. Tener animales en casa es fantástico, te dan todo y piden muy poco. Creo que las personas que convivimos con animales, tenemos un contacto especial con la naturaleza, al menos en mi caso es así.
Algún día volveré a reunirme con ellas, estoy segura.










Gubi's place.