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viernes, 11 de noviembre de 2016

Las culebras de río...




He aquí una nueva anécdota, esta vez de mi infancia, la cual me ha venido hoy a la cabeza y me ha hecho reír a gusto. Hace ya muchos años estuve pasando unos días con mi familia en Castellar de Nuch, municipio muy bonito donde se encuentra el nacimiento del río Llobregat. 
En aquella época, tanto mis hermanas como yo éramos muy pequeñas...tanto que me atrevería a decir que mi hermana menor iba al parvulario, imaginaos si ha llovido que a día de hoy ya se aproxima a los cuarenta a una velocidad de vértigo. Ojalá pudiera volver a aquella época en la que, compartí los mejores momentos de mi infancia. Si me dieran la opción, sin lugar a dudas lo haría y los repetiría una y otra vez. Me acabo de emocionar y se me llenan los ojos de lágrimas porque me he dado cuenta de que lo mejor y también lo peor de mi vida, lo he pasado junto a mi familia . 
Odio crecer y hacerme mayor, se que forma parte del proceso de nuestra existencia, pero me cuesta aceptarlo y a medida que pasan los años, lo tengo más presente. Se que no somos eternos y que por lo pronto todo apunta a creer que vida solo hay una y debemos vivirla de la mejor manera posible...pero yo quiero seguir creyendo que hay algo más, pero hasta que no me llegue el día del juicio final no podré saberlo. 
Así que aprovechad todos los buenos momentos con vuestros padres, madres, hermanos/as, tíos/as, sobrinos/as... y mantened una buena relación con ellos porque al final, lo que prevalece es el núcleo de nuestra familia. 
Dicho esto y habiéndome enjuagado los ojos, prosigo con mi relato que me enrollo como una persiana y de un tema paso a otro con una facilidad tremenda.
Pues cómo os decía estaba pensando en anécdotas pasadas y he recordado esta en particular porque aún tengo la estampa en mi memoria y al imaginarla de nuevo me río, no lo puedo evitar.
Aquel día estaba con la familia cerca de las Fuentes del Llobregat y nos sentamos a descansar mientras pusimos los pies en el agua. Mi padre se adentró en el río con mi hermana pequeña y caminaban tranquilamente mientras observaban pequeños peces y la tipología de vegetación que allí había. Todo parecía normal, un fin de semana tranquilo y relajado, en familia.
Pero, de repente una pequeña culebra pasó por el medio de las piernas de mi padre, este dio un respingo, agarró a mi hermana de la mano y piernas para que os quiero empezó a correr hacía la orilla. Aquel día mi padre aprendió a caminar por encima del agua, imagen que puede resultar increíble de creer pero es cierta, vamos que ni Carl Lewis en los 100 metros corrió como lo hizo mi padre ese día, literalmente volaba y mi pobre hermana que no entendió nada de lo que ocurría al ver a su padre correr, hizo exactamente igual, correr como una loca, muy asustada porque creyó que algo malo ocurría. 
Yo saqué los pies del agua y me quedé en shock varios minutos contemplando aquella escena. Tras el susto inicial, mi padre explicó porque había salido de esa forma del agua y todos nos reímos, menos mi hermana pequeña que se había asustado de verdad y tardó un rato en recuperarse.
Cuando somos pequeños creemos que nuestros padres son súper héroes que pueden con todo...después ves a un hombre de más de metro ochenta correr por encima de las aguas arrastrando a su hija pequeña con la cara desencaja por el susto y se le cae a una el mito al suelo...conclusión, los padres también tienen miedo a los insectos y reptiles, es decir que son humanos, no súper héroes.







Gubi's place.

sábado, 1 de octubre de 2016

Anécdotas perrunas...




Quien ha tenido mascotas seguro que más de una anécdota habrá vivido y en reuniones familiares o con amigos las habrá explicado para rememorar ese momento por su carácter divertido o sentimental.
Yo tengo varias anécdotas que a día de hoy me hacen reír y otras me transmiten mucha nostalgia ya que los lazos que me unían a mis perros eran tan fuertes como los que tengo con la familia y el perderlos fue muy traumático.
No me quiero poner sentimental que me conozco, así que iremos al meollo del asunto; una de mis perras a los pocos días de tenerla en casa se subió con gran soltura a la mesa del comedor y se zampó una tortilla de patatas. Así tal cual os lo cuento. Cada vez que lo pienso me da risa pero en aquel momento nos quedamos perplejos la verdad.
Otra de ellas, al ser un perro de caza tenía el olfato muy desarrollado y cada vez que la sacábamos se escapaba y durante mucho rato se le oía ladrar a lo lejos. Así que no quedaba otra que sentarse en el camino a esperar que el perro viniera. Esto me pasó varias veces e incluso algunas personas que paseaban me indicaban que la habían visto correr y ladrar bien lejos. Recuerdo en una ocasión que la muy cochina se comió unos excrementos de otro perro y cuando llegué hacía ella aún lo estaba saboreando y al mirarme parecía que me decía: -¿quieres un poco?, para matarla. No voy a dar más detalles porque fue muy escatológico y tampoco es plan, sólo os diré que tuve que desinfectarle la boca, entre naúseas, porque parecía un estercolero.
De ambas recuerdo las interminables carreras por dar caza a las palomas, sin mucho éxito por cierto, porque la pequeña a los pocos minutos tenía que parar para tomar aire y la más grande aún seguía en su empeño durante varios minutos más. Al menos puedo dar fe de que dormían toda la noche.
También recuerdo que una odiaba el secador de pelo, se le tiraba a morder y enseñaba los dientes, la otra la aspiradora, le tenía un odio bestial. Una de ellas si no quería que la cogieras en brazos se hacía la muerta y no había manera, ya podías intentarlo que no habían pelotas de levantarla. Y la otra cuando no quería mimos hacía lo posible por saltar al suelo. Vaya dos, que grandes recuerdos tengo de cada una de ellas, compartieron buenos momentos conmigo, entrañable e inolvidable época que ya nunca volverá.
Y ahora tengo desde hace unos días al perrito que ya comenté hace unos días y del cual he hecho una página especial para él en la que iré colgando fotos, vídeos y comentando como va la adaptación, entre otras cosas. De momento la anécdota más divertida ha sido el encaramarse al mármol de la cocina y robarme la magdalena que tenía preparada para darle sus gotas de flores de bach. Fue despistarme un momento para lavarme las manos, dejarla un poco al borde y ¡zas! se la zampó hasta con el envoltorio, vaya tela. 
Estas cosas pasan y nos alegran el día. Siempre he tenido muy buenas experiencias con mis perros, espero que con este también ocurra lo mismo ya que su historia y circunstancias son complicadas, pero con amor y paciencia todo se puede conseguir.




Gubi's place. 



jueves, 31 de marzo de 2016

Adoro haber nacido en la década de los 70...I love being born in the decade of the70s









Nací a principios de los años 70, parece que fue ayer y sin embargo ya estoy en la década de los 40, que se dice pronto. En otras ocasiones en mis posts ya he mencionado los años 70 y 80, admito que los añoro y tengo un hermoso recuerdo de ellos. Sin lugar a dudas han sido para mí de las mejores épocas de mi vida a pesar de que mi adolescencia fue un poco dura, pero ¿quién no ha tenido una adolescencia difícil? entre el acné, las gafas y el aparato de ortodoncia...no estaba yo en mi mejor momento la verdad. No obstante sobreviví y a día de hoy no puedo quejarme de mi aspecto. 
Pero no quiero hablar de esas minucias, el hecho es que en estos momentos vivimos muy acelerados y eso se lo transmitimos a nuestros hijos; no crecen como antes, no salen a jugar a la calle, como antes, no se ensucian las manos, no les ayudamos a fomentar su capacidad intelectual y a usar su imaginación. Vivimos rodeados de tecnología, que sin lugar a dudas ha facilitado nuestra vida, pero por otro lado nos condena y nos convierte en presos de esta sociedad. Compramos tablets, teléfonos, consolas de video juegos y creemos que nuestros hijos aprenden y se divierten, pero no salimos con ellos a pasear, a oler las flores, a coger moras, a dar saltos a ver quién hace la zancada más grande...no juegan con sus amigos a las gomas, ni a la cuerda, ya no juegan al bote, a churro -media manga- mangotero...adivina lo que tengo en el puchero, a matar, a tú la llevas, a construir castillos de arena.
No quiero decir que los niños de hoy en día no se diviertan, imagino que muchos seguirán haciendo lo que acabo de escribir...otros no tendrán la misma suerte. Allá dónde vayas, casi todo el mundo va con su teléfono, no sabemos salir a la calle sin ese aparato y los niños a muy temprana edad ya tienen smartphones...¡toma ya! cuando yo tuve el primer teléfono en mis manos, que parecía un ladrillo, todo se ha de decir, sentí hasta vergüenza de hablar con el por la calle...era algo tan innovador que se hacía rarísimo. 
Las generaciones que han venido después han nacido con un teléfono bajo el brazo...ya no con un pan, sino con un teléfono. No es ni triste ni agradable, simplemente es otra época, nada más. 
Las redes sociales como siempre he dicho son un arma de doble filo y si no se utilizan con cabeza pueden hacer mucho daño, en todos los sentidos. Antes no habían ordenadores y cuando aparecieron los primeros en nuestro país, flipamos muchísimo. Recuerdo los Amstrad CPC 464 que usaban cassettes para los juegos, habían de muy buenos y pasabas horas jugando al Arkanoid, madre mía que buenas tardes aquellas. Cuando apareció la Game Boy a finales de los 80, fueron palabras mayores, sigo conservando una y no sólo eso, sino que sigo conservando en perfecto estado una maquinita de marcianitos, como se denominaba antiguamente. Aquí tenéis la foto que respalda mis palabras, las tardes interminables que me he pasado yo con este juego, no lo sabe nadie, era un no parar.





Esta claro de que me he hecho mayor, ojalá pudiera volver atrás, que ascazo esto de crecer, lo digo de verdad. Sufro síndrome de Peter Pan, lo reconozco y no me escondo. Daría lo que fuera por volver a aquella época y saborear alguno de aquellos momentos, porque hubieron muchos. No sólo en música, cómo he comentado varias veces, no sólo en buenas series de televisión y cine, que también he comentado, sino por el mítico Naranjito del mundial de fútbol de 1982, por ejemplo, por el Un Dos Tres con su querida calabaza Ruperta, pero también porque viajábamos en coches sin cinturón de seguridad, madre mía nuestros padres estarían hoy en día en la cárcel por eso, no nos poníamos casco al ir en bici y nadie se mataba, podíamos bajar solos a jugar a la calle y no pasaba nada, nos ponían Nivea en la playa...aún recuerdo el anuncio de televisión, sol, niveaaa, sol niveaaaa; y acababas embadurnado como una croqueta, jugábamos con los termómetros de mercurio y molaba mucho cuando se formaban las bolitas, nos columpiábamos en columpios oxidados y nadie se infectaba de tétanos. 
Pero no sólo eso, es que las tijeras y punzones del colegio eran de metal y nunca hubieron heridos, salías a la calle y volvías a casa con la ayuda de la puesta de sol, para quedar con tus amigos los tenías que llamar por teléfono fijo o picarles directamente porque no teníamos móviles, íbamos a clases mañana y tarde y comíamos en casa, no sufríamos de sobre peso porque pasábamos horas y horas con los amigos en la calle, bebíamos de cualquier fuente del pueblo y nunca hubieron intoxicaciones....y podría seguir y seguir porque hay miles de cosas que explicar de estos años. 
Estamos hechos de otra pasta, hemos vivido la transición de la era informatizada, de la tecnología, del culto al cuerpo y de otras muchas cosas que están marcando las generaciones actuales.
Creo que las personas de mi generación valoramos de otra manera las cosas, sobre todo aquellas que se hacen con las manos, al menos eso me pasa a mí, todo lo que sea artesanal me encanta, las manualidades me chiflan y me pasaría horas y horas creando, pintando, recortando...creo que no deben perderse estas cosas porque en nuestra época, el jugar a cromos, a las canicas y recortar y colorear se llevaba mucho, ahora también pero no se estila tanto, sólo los más pequeños lo hacen, la juventud tiene mucha prisa por crecer y se están perdiendo grandes cosas que no son capaces de valorar, es una pena. Pero es la evolución de la especie o al menos eso nos dicen, yo creo que simplemente es otra época en la que todo va demasiado deprisa y a veces me cansa, me agota. No me hace gracia vivir pendiente del teléfono y del reloj eso me convierte en esclavo y no es sano. Por eso muchas veces me paro a pensar en todas las cosas que libremente hacía cuando eran mucho más joven, la gran mayoría no estaban supeditadas a un horario y eso nos convertía en seres libres que disponíamos y gestionábamos nuestro tiempo como mejor nos convenía y eso no tiene precio alguno.




Gubi's place