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lunes, 10 de julio de 2017

Hay días que tienen un olor especial...




Hoy paseaba al perro a primera hora de la mañana y a penas habían personas en la calle, la verdad es que se estaba muy a gusto. Una suave brisa nos acompañaba y me ha venido a la memoria escenas de mi niñez, de los veranos que pasaba con mis padres y mis hermanas y me ha llenado de alegría recordar esos momentos. El ambiente tenía un olor especial, no se como explicarlo, ese olor a verano, a tardes interminables con los amigos, a paseos por la playa...porque cada estación huele de una manera y el verano huele a repelente de insectos, a cremas del sol, pero también huele a paella, a flores secas...es difícil de expresar, digamos que es más una sensación, algo que se queda grabado en nuestro interior y se activa en momentos así. No sé si me entendéis...creo que cada estación huele a algo especial y el verano está repleto de olores muy peculiares, como el olor del mar, el olor de las calles de un pueblo de costa...pero no solo de olores va la cosa, cuando oigo a una cigarra, por ejemplo, sonido más que significativo en verano que de bien seguro habrá hecho las delicias de las noches de más de uno, por no poder pegar ojo...automáticamente se activan mis sentidos y una vez más me recuerda a aquellas tardes interminables en el pueblo, al lado de la playa o en un camping...jugando con los amigos de siempre y con nuevos amigos de verano a los que probablemente nunca más volvimos a ver en nuestra vida.
A medida que te haces mayor esos recuerdos quedan más grabados en nuestra mente y nos aferramos a ellos cada vez que necesitamos huir o desconectar de nuestra vida.




Gubi's place.

lunes, 29 de mayo de 2017

Que nostalgia me transmite un videoclub...



¿Recordáis los videoclubs?, desde la aparición de Internet y las nuevas tecnologías, están de capa caída...de hecho en mi pueblo creo que sólo queda uno que ha conseguido burlar al tiempo, al abanico de oportunidades que ofrece la televisión por cable y a las múltiples páginas de la red, cargadas de troyanos, todo se ha de decir, que nos han permitido descargar de forma ilegal...cientos de películas. Si lo pensamos seriamente, la gran mayoría hemos cometido un delito pero, ahora no voy a fustigarme por ello ya que no he sido la única, muy a mi pesar.
Dejando de lado estas confesiones que espero y deseo no me comprometan demasiado ;-), quería comentar que tengo muy buenos recuerdos de los videoclubs porque unían a la familía y molaba mucho ir a comprar palomitas, ganchitos o demás porquerías y ver un sábado a la tarde una película, sentados en el sofá o tumbados en la alfombra... y si apurabas podías incluso coger otra para el Domingo...aquello entonces era la repanocha, dos pelis en el finde, con la familia y comiendo porquerías...como niño no se podía pedir mucho más.
Hoy en día con las tablets, los ordenadores, los teléfonos y demás componentes tecnológicos cada uno ve el programa, serie o película que desea...se ha perdido esa comunicación y esas ganas de pasar más tiempo con la familia, tiempo que ya no volverá por mucho que algunos/as quieran crecer muy rápido y piensen que la vida en la tierra es eterna y que los papás estarán toda la vida dando por saco. La verdad es bien distinta.
Personalmente guardo muy buenos recuerdos y a medida que se han ido cerrando, he sentido pena y lástima porque la sociedad sigue su curso de forma muy acelerada, la información vuela y en cuestión de segundos puedes disponer de los últimos estrenos sin ningún tipo de problema, digamos que aquello de ir al videoclub a coger la película que ansiabas ver desde hacía tiempo y por la que habías tenido que esperar varias semanas ya que siempre estaba alquilada...ha pasado a la historia, una pena, os lo aseguro. Al menos a mí me entristece porque me doy cuenta de que realmente me he hecho muy mayor y que varias cosas que marcaron mi niñez y adolescencia, nunca más volverán, solo me queda el recuerdo y con ello debo seguir viviendo.



Gubi's place.

viernes, 3 de febrero de 2017

Los niños de hoy en día en nada se asemejan a los niños de mi época infantil...




Esta claro que una imagen vale más que mil palabras...pero con ello no quiero decir que en mi época no hubieran chicos y chicas aventajados...claro que habían pero no como hoy en día. Quizá me equivoque y mis apreciaciones sean incorrectas pero me da en la nariz que las cosas han cambiado bastante desde que yo dejé de ser una niña y me convertí para mi pesar en un adulto. 
Digamos que cuando yo tenía diez o doce años, la inocencia era un rasgo que nos identificaba bastante, hasta bien entrados los dieciséis o diecisiete...pero los niños de hoy en día pierden esa inocencia rápido, además quieren hacerse adultos lo antes posible y no se dan cuenta de que todo en la vida tiene sus tiempos y no es necesario correr tanto. 
Es probable que en mi pre-adolescencia empezara a sentir curiosidad e interés por el sexo opuesto pero mi vergüenza a la par que mi físico de Betty la fea impedía que me acercara a menos de cinco metros...no obstante esa desesperación y esa necesidad de mantener relaciones a muy temprana edad no la teníamos en mi época, al menos así recuerdo mi entorno. Por eso repito que la ingenuidad nos caracterizaba y preferíamos salir en grupo y pasarlo bien que emperifollarnos y flirtear con las drogas y el alcohol...lo de ponerse mona vino después ya cumplidos los dieciocho, pero lo el alcohol y las drogas, de eso he procurado mantenerme al margen siempre. 
Pero no escribo para comentar que fui una adolescente más bien feota con pocas pretensiones de triunfo sino porque me asombra ver a niñas de diez o doce años como pierden la cabeza con críos y adolescentes que salen de un programa de televisión y que no son nada del otro mundo...tan sólo niños como ellas que están en edad de jugar y no andar haciendo el bobo exclamando absurdeces propias de veinteañeros. Ni diré el programa, ni diré el nombre del repelente niño Vicente...no es necesario. Tan sólo quiero aconsejar a quién le interese aceptar mi humilde consejo, que vigilen a sus hijos porque hoy en día se hacen adultos muy rápido y la sociedad no hace más que acelerar el proceso...es una pena que no disfruten de su niñez y juventud y quieran hacer cosas de adultos tan rápido. Me cuesta entender que una niña de doce años exclame: -Dios mio está buenísimo, me va a dar algo-, a mí que me perdonen pero yo con esa edad no decía esas cosas, de hecho creo que ya comenté en otro post que mi última Barbie la compré con casi dieciséis años y no me avergüenzo de ello sino todo lo contrario. Así que imaginaos lo simplona que podía llegar a ser con doce años, lo último que se me habría ocurrido es decir esa frase, más que nada porque tampoco la sentía de esa forma ni me iba a dar un ataque porque un chavalito salido de un programa de televisión pasara cerca de mí...evidentemente que he tenido mis ídolos y mis sueños, pero más mayor...eso de perder la cabeza siendo pre-adolescente no fue conmigo y considero que me ha ido bien porque las cosas las he vivido cuando ha tocado...bueno algunas más tarde que otras, pero es lo que hay tú.
Así que lo dicho que cada edad es muy bonita y hay que vivirla con la intensidad que se merece, el ir más rápido no soluciona nada.



Gubi's place.

lunes, 21 de noviembre de 2016

Cuando notas que estas madurando y eso da miedo...




Últimamente mi vida está experimentando ciertos cambios que me están ayudando a madurar y a entender todo lo que me rodea de una forma más clara y precisa. Soy consciente de que aún arrastro ciertos fantasmas del pasado a los que he de hacer frente si pretendo convertirme en una persona mucho más feliz, pero mi intención es clara. Lo importante en este caso es darse cuenta de ello y yo por fin lo he comprendido y me siento feliz.
No os ha pasado que veces experimentáis cambios que ni entendéis, no sabéis encajar del todo los altibajos en vuestro humor, la irascibilidad, las dudas, los temores...pero dentro de vosotros sabéis que, todo forma parte de lo mismo, sólo debéis entenderlo como un paso más del aprendizaje que a pesar de ser altamente costoso darse cuenta de ello es un gran logro.
Pues una servidora se encuentra en este instante en el que sabe que la etapa de ser una niña que soñaba con tener un amigo como E.T ha pasado a la historia. Aunque sigo dejando volar mi imaginación y la niña que llevo dentro sigue ahí y me acompañara hasta que me muera, soy consciente de que las cosas han cambiado drásticamente y eso me asusta y me causa mucho respeto, no voy a mentir a nadie, pero la vida es así, vivir en Los mundos de Yupi, no es lo más acertado. Sin embargo he llegado a la conclusión de que es bueno sentir rabia y frustración cuando te encuentras en medio de cambios importantes en tu vida. Hay que dejar fluir las emociones, ya sean positivas como negativas porque de todo se aprende y todo sirve para crecer y madurar como persona.  
Aunque una cosa queda clara, madurar no es sencillo, asumir que entramos en la edad adulta y entender que esto es una cuesta arriba...y sin frenos...es difícil, pero no imposible. Si he de ser sincera, confieso que yo lloro a menudo, porque me da rabia sentir las cosas que siento y experimentar las emociones de esta forma tan brutal que a penas me da tiempo para respirar, ordenar y asimilar. 
Así voy yo, como las cabras en el monte, sintiendo mil cosas que a duras penas puedo asimilar, pero se que es importante para mi persona sentir este conglomerado de sensaciones porque aunque ahora no disponga de las herramientas necesarias para ordenarlas se que poco a poco las tendré y conseguiré reflexionar antes de hablar, seré mucho más consecuente con mis ideas y procuraré pensar con mayor detenimiento todo lo que pasa por mi cabeza antes de decirlo. Aunque parezca sencillo es una tarea altamente complicada ya que muchas veces las personas se limitan a decir lo primero que pasa por su mente sin ni siquiera calibrarlo, por lo tanto las consecuencias que se derivan de ello a veces pueden ser nefastas. Y lo más sorprendente es que después les preguntas y la gran mayoría ni siquiera sabe porque ha dicho lo que ha dicho.
Y para concluir, al igual que indica la frase de la imagen, madurar es entender que no todo ha de ser perfecto para ser feliz...vivir con menos y sentirse afortunado por ello, aceptando lo que uno tiene y dónde se encuentra es una clara consecuencia de lo que significa curtirse ya que vivir en la opulencia no garantiza la felicidad sino que muchas veces nos sume en la desdicha. 
No por poseer muchos bienes y riqueza vamos a conseguir la felicidad absoluta, eso hay que tenerlo muy claro y debería ser un mantra que deberíamos repetirnos a diario.
He aquí algunas de mis reflexiones más íntimas y sinceras...que difícil es esto de vivir en el mundo de las obligaciones y responsabilidades...con lo fácil que era cuestionarse si salir a jugar a la calle o ver el programa favorito de televisión...





Gubi's place.

viernes, 11 de noviembre de 2016

Las culebras de río...




He aquí una nueva anécdota, esta vez de mi infancia, la cual me ha venido hoy a la cabeza y me ha hecho reír a gusto. Hace ya muchos años estuve pasando unos días con mi familia en Castellar de Nuch, municipio muy bonito donde se encuentra el nacimiento del río Llobregat. 
En aquella época, tanto mis hermanas como yo éramos muy pequeñas...tanto que me atrevería a decir que mi hermana menor iba al parvulario, imaginaos si ha llovido que a día de hoy ya se aproxima a los cuarenta a una velocidad de vértigo. Ojalá pudiera volver a aquella época en la que, compartí los mejores momentos de mi infancia. Si me dieran la opción, sin lugar a dudas lo haría y los repetiría una y otra vez. Me acabo de emocionar y se me llenan los ojos de lágrimas porque me he dado cuenta de que lo mejor y también lo peor de mi vida, lo he pasado junto a mi familia . 
Odio crecer y hacerme mayor, se que forma parte del proceso de nuestra existencia, pero me cuesta aceptarlo y a medida que pasan los años, lo tengo más presente. Se que no somos eternos y que por lo pronto todo apunta a creer que vida solo hay una y debemos vivirla de la mejor manera posible...pero yo quiero seguir creyendo que hay algo más, pero hasta que no me llegue el día del juicio final no podré saberlo. 
Así que aprovechad todos los buenos momentos con vuestros padres, madres, hermanos/as, tíos/as, sobrinos/as... y mantened una buena relación con ellos porque al final, lo que prevalece es el núcleo de nuestra familia. 
Dicho esto y habiéndome enjuagado los ojos, prosigo con mi relato que me enrollo como una persiana y de un tema paso a otro con una facilidad tremenda.
Pues cómo os decía estaba pensando en anécdotas pasadas y he recordado esta en particular porque aún tengo la estampa en mi memoria y al imaginarla de nuevo me río, no lo puedo evitar.
Aquel día estaba con la familia cerca de las Fuentes del Llobregat y nos sentamos a descansar mientras pusimos los pies en el agua. Mi padre se adentró en el río con mi hermana pequeña y caminaban tranquilamente mientras observaban pequeños peces y la tipología de vegetación que allí había. Todo parecía normal, un fin de semana tranquilo y relajado, en familia.
Pero, de repente una pequeña culebra pasó por el medio de las piernas de mi padre, este dio un respingo, agarró a mi hermana de la mano y piernas para que os quiero empezó a correr hacía la orilla. Aquel día mi padre aprendió a caminar por encima del agua, imagen que puede resultar increíble de creer pero es cierta, vamos que ni Carl Lewis en los 100 metros corrió como lo hizo mi padre ese día, literalmente volaba y mi pobre hermana que no entendió nada de lo que ocurría al ver a su padre correr, hizo exactamente igual, correr como una loca, muy asustada porque creyó que algo malo ocurría. 
Yo saqué los pies del agua y me quedé en shock varios minutos contemplando aquella escena. Tras el susto inicial, mi padre explicó porque había salido de esa forma del agua y todos nos reímos, menos mi hermana pequeña que se había asustado de verdad y tardó un rato en recuperarse.
Cuando somos pequeños creemos que nuestros padres son súper héroes que pueden con todo...después ves a un hombre de más de metro ochenta correr por encima de las aguas arrastrando a su hija pequeña con la cara desencaja por el susto y se le cae a una el mito al suelo...conclusión, los padres también tienen miedo a los insectos y reptiles, es decir que son humanos, no súper héroes.







Gubi's place.

jueves, 31 de marzo de 2016

Adoro haber nacido en la década de los 70...I love being born in the decade of the70s









Nací a principios de los años 70, parece que fue ayer y sin embargo ya estoy en la década de los 40, que se dice pronto. En otras ocasiones en mis posts ya he mencionado los años 70 y 80, admito que los añoro y tengo un hermoso recuerdo de ellos. Sin lugar a dudas han sido para mí de las mejores épocas de mi vida a pesar de que mi adolescencia fue un poco dura, pero ¿quién no ha tenido una adolescencia difícil? entre el acné, las gafas y el aparato de ortodoncia...no estaba yo en mi mejor momento la verdad. No obstante sobreviví y a día de hoy no puedo quejarme de mi aspecto. 
Pero no quiero hablar de esas minucias, el hecho es que en estos momentos vivimos muy acelerados y eso se lo transmitimos a nuestros hijos; no crecen como antes, no salen a jugar a la calle, como antes, no se ensucian las manos, no les ayudamos a fomentar su capacidad intelectual y a usar su imaginación. Vivimos rodeados de tecnología, que sin lugar a dudas ha facilitado nuestra vida, pero por otro lado nos condena y nos convierte en presos de esta sociedad. Compramos tablets, teléfonos, consolas de video juegos y creemos que nuestros hijos aprenden y se divierten, pero no salimos con ellos a pasear, a oler las flores, a coger moras, a dar saltos a ver quién hace la zancada más grande...no juegan con sus amigos a las gomas, ni a la cuerda, ya no juegan al bote, a churro -media manga- mangotero...adivina lo que tengo en el puchero, a matar, a tú la llevas, a construir castillos de arena.
No quiero decir que los niños de hoy en día no se diviertan, imagino que muchos seguirán haciendo lo que acabo de escribir...otros no tendrán la misma suerte. Allá dónde vayas, casi todo el mundo va con su teléfono, no sabemos salir a la calle sin ese aparato y los niños a muy temprana edad ya tienen smartphones...¡toma ya! cuando yo tuve el primer teléfono en mis manos, que parecía un ladrillo, todo se ha de decir, sentí hasta vergüenza de hablar con el por la calle...era algo tan innovador que se hacía rarísimo. 
Las generaciones que han venido después han nacido con un teléfono bajo el brazo...ya no con un pan, sino con un teléfono. No es ni triste ni agradable, simplemente es otra época, nada más. 
Las redes sociales como siempre he dicho son un arma de doble filo y si no se utilizan con cabeza pueden hacer mucho daño, en todos los sentidos. Antes no habían ordenadores y cuando aparecieron los primeros en nuestro país, flipamos muchísimo. Recuerdo los Amstrad CPC 464 que usaban cassettes para los juegos, habían de muy buenos y pasabas horas jugando al Arkanoid, madre mía que buenas tardes aquellas. Cuando apareció la Game Boy a finales de los 80, fueron palabras mayores, sigo conservando una y no sólo eso, sino que sigo conservando en perfecto estado una maquinita de marcianitos, como se denominaba antiguamente. Aquí tenéis la foto que respalda mis palabras, las tardes interminables que me he pasado yo con este juego, no lo sabe nadie, era un no parar.





Esta claro de que me he hecho mayor, ojalá pudiera volver atrás, que ascazo esto de crecer, lo digo de verdad. Sufro síndrome de Peter Pan, lo reconozco y no me escondo. Daría lo que fuera por volver a aquella época y saborear alguno de aquellos momentos, porque hubieron muchos. No sólo en música, cómo he comentado varias veces, no sólo en buenas series de televisión y cine, que también he comentado, sino por el mítico Naranjito del mundial de fútbol de 1982, por ejemplo, por el Un Dos Tres con su querida calabaza Ruperta, pero también porque viajábamos en coches sin cinturón de seguridad, madre mía nuestros padres estarían hoy en día en la cárcel por eso, no nos poníamos casco al ir en bici y nadie se mataba, podíamos bajar solos a jugar a la calle y no pasaba nada, nos ponían Nivea en la playa...aún recuerdo el anuncio de televisión, sol, niveaaa, sol niveaaaa; y acababas embadurnado como una croqueta, jugábamos con los termómetros de mercurio y molaba mucho cuando se formaban las bolitas, nos columpiábamos en columpios oxidados y nadie se infectaba de tétanos. 
Pero no sólo eso, es que las tijeras y punzones del colegio eran de metal y nunca hubieron heridos, salías a la calle y volvías a casa con la ayuda de la puesta de sol, para quedar con tus amigos los tenías que llamar por teléfono fijo o picarles directamente porque no teníamos móviles, íbamos a clases mañana y tarde y comíamos en casa, no sufríamos de sobre peso porque pasábamos horas y horas con los amigos en la calle, bebíamos de cualquier fuente del pueblo y nunca hubieron intoxicaciones....y podría seguir y seguir porque hay miles de cosas que explicar de estos años. 
Estamos hechos de otra pasta, hemos vivido la transición de la era informatizada, de la tecnología, del culto al cuerpo y de otras muchas cosas que están marcando las generaciones actuales.
Creo que las personas de mi generación valoramos de otra manera las cosas, sobre todo aquellas que se hacen con las manos, al menos eso me pasa a mí, todo lo que sea artesanal me encanta, las manualidades me chiflan y me pasaría horas y horas creando, pintando, recortando...creo que no deben perderse estas cosas porque en nuestra época, el jugar a cromos, a las canicas y recortar y colorear se llevaba mucho, ahora también pero no se estila tanto, sólo los más pequeños lo hacen, la juventud tiene mucha prisa por crecer y se están perdiendo grandes cosas que no son capaces de valorar, es una pena. Pero es la evolución de la especie o al menos eso nos dicen, yo creo que simplemente es otra época en la que todo va demasiado deprisa y a veces me cansa, me agota. No me hace gracia vivir pendiente del teléfono y del reloj eso me convierte en esclavo y no es sano. Por eso muchas veces me paro a pensar en todas las cosas que libremente hacía cuando eran mucho más joven, la gran mayoría no estaban supeditadas a un horario y eso nos convertía en seres libres que disponíamos y gestionábamos nuestro tiempo como mejor nos convenía y eso no tiene precio alguno.




Gubi's place