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lunes, 6 de marzo de 2017

Hay miradas que matan...



Con esta imagen creo que la frase que encabeza este post queda totalmente aclarada, de hecho creo que no debería decir nada más al respecto, sin embargo lo haré porque sino este artículo no tendría sentido alguno.
Hace ya unos diecisiete años, que parece que no, pero es tiempo; yo no tenía la mentalidad que tengo ahora ni las ganas ni el aprendizaje que me ha dado la vida hasta el día de hoy. Entré a trabajar en una empresa de comida rápida, particularmente de pizzas, que a día de hoy existe y sigue teniendo mucha fama y allí conocí a un grupo de personas con los que empecé una particular amistad que al salir de allí se terminó para siempre. Una de aquellas personas es una chica a la que vi recientemente y se paró para saludarme e indicarme que esperaba a su segundo hijo...la verdad es que me sorprendió porque hacía años que no habíamos vuelto a hablar. De hecho fue una amistad difícil aquella, era una chica especial con una tendencia a la depresión y negatividad que no ayudaban en nada. A raíz de conocerla a ella y con la intención de sacarme un dinero extra, habló con su hermana mayor que trabajaba en una empresa del entorno farmacéutico y me contrataron para realizar pequeñas tareas administrativas. Hasta aquí todo parece normal, entablé relación con la hermana, e incluso en un par de ocasiones y por motivos de horario me acompañó a casa en coche y coincidimos en un par de comidas. Ella fue amable y creo que yo a pesar de mi edad y las tonterías que pudiera tener en aquellos momentos en la cabeza, siempre procuré ser correcta. Hasta que un día, después de una analítica, no me presenté en mi puesto de trabajo y tampoco llamé para indicar que me había mareado y que volvía a casa. No sé muy bien porque lo hice, no lo recuerdo a penas. Tan sólo puedo deciros que cometí la gran equivocación de no llamar. Todos para aprender debemos equivocarnos, yo aprendí aquella lección como si me la hubiesen grabado a fuego en la piel y os aseguro que desde aquel entonces, me convertí en una persona altamente responsable.
La historia no acaba aquí, además de no presentarme en el trabajo, su hermana me había prestado un cd de Whitney Houston que casualmente rompí, por accidente, como me ha dolido aquello os lo aseguro...y tuve que devolverlo con la vergüenza que aquello me supuso por aquel entonces. Con la carga de la irresponsabilidad por mi falta cometida y con el pesar de aguantar una lluvia de argumentaciones e insultos varios por teléfono, de su hermana pequeña, es decir, mi compañera de pizzeria. La cosa acabó con el consiguiente despido de aquella empresa y con la continuidad en la pizzeria. Esta chica y yo seguimos una amistad después, a pesar de lo ocurrido, pero nunca fue buena ni agradable. Habían demasiadas diferencias irreconciliables entre ambas y ella nunca puso las cosas fáciles, así que poco a poco el tiempo y la vida nos separó, hasta que el año pasado me la encontré de nuevo. Lo divertido es que a su hermana mayor no la había vuelto a ver desde entonces, ni siquiera recuerdo cuando fue la última vez que vi a esa mujer...y ahora me la he vuelto a encontrar en varios sitios y cada vez que me ve, siento su ira, su rabia y su rencor hacía mí. Confieso que no me gusta, es como si me atravesara el alma con una espada de hoja muy afilada. Después de tantos años, ella sigue teniendo la imagen de una persona irresponsable cuando me ve, no puede contener su asco y odio hacía mí. Me entristece, porque ya no soy la misma persona, pero ella no lo sabe...de hecho cuando me encontré a su hermana se lo dije, que me sabía muy mal y le pedí disculpas de nuevo. Quizá ambas hermanas hablaran después y recordaran aquella anécdota, posiblemente la pequeña me haya perdonado, sino no me habría parado por la calle, pero la mayor no lo ha hecho.
Creo que me toca cerrar esa puerta y enfrentarme una vez más a mi pasado. Aunque me da respeto, no me queda otra que parar a esta mujer y decirle cara a cara que no albergue más odio en su interior, fue un error y ya pagué por él. Ya no es necesario seguir asqueada cada vez que me ve, eso no le ayuda a ella ni a mí, porque os aseguro que noto sus vibraciones y eso no es nada agradable. No tengo ni idea de como puede llegar a reaccionar, quizá me esquive, quizá me insulte o tal vez acepte mis disculpas y pueda dar carpetazo a ese tema...no tengo ni idea, solo se que debo hacerlo. Ya os contaré que tal ha ido...
A veces hay que cerrar bien los temas del pasado, sino después nos siguen persiguiendo y así no hay manera de avanzar.






Gubi's place

miércoles, 15 de febrero de 2017

A mí también me gusta saludar a todo el mundo...anda que bien...




Una vez más otra anécdota paseando al perrito...cómo ya sabéis es un animalito muy simpático al que le gusta saludar y que le digan cositas...y es de mala educación no saludar a un adorable perrito cuando se para delante de ti, pero hay personas que aprovechan esa situación para soltar una frase divertida. Así es el ser humano, que le vamos a hacer.
Hoy se ha parado delante de un chico negrito que estaba mirando un escaparate y yo he querido continuar la marcha porque se que hay personas a las que les molesta que un perro se les acerque y hay que respetarlo. Lo comento porque en un principio me ha dado la sensación de que al muchacho mucha gracia no le había hecho aunque al verlo había exclamado: - que bonito-. Y como este perro es bastante puñetero y cuando se para delante de alguien hasta que no le acaricia no se mueve, le he dicho al chico que era muy educado y que le gustaba saludar a todo el mundo, a ver si se daba por aludido y le decía algo al animal y seguíamos el camino.
 Mi sorpresa ha sido cuando el chaval se ha reído y me ha soltado que a él también le gustaba saludar a todo el mundo. No se que pensar, ¿lo ha dicho para hacer la gracia?,¿para ligar?...¿porque quizá se cree muy chistoso ?...a saber cuales habrán sido sus motivos, el caso es que me lo ha soltado tan tranquilo, se ha girado y ha continuado la marcha. Pues nada, otro cómico más en el mundo.
Así son las cosas y así se las hemos contado :-)




Gubi's place.

miércoles, 8 de febrero de 2017

Ir a buscar palets puede ser muy divertido...



Hoy he ido a buscar un par de palets para seguir confeccionando mis marcos para las fotografias y he quedado con mi amigo para dar una vuelta por el polígono industrial que hay cerca de nuestro pueblo, ya que en las fábricas suelen dejar varios de ellos fuera porque están rotos o no les sirven.
La idea en principio era ir a buscar maderas pero no sé porqué me animé y una cosa llevó a la otra y nos vimos entrando en una nave industrial de grandes dimensiones, abandonada, llena de basura y de palets bastante hechos polvo, por cierto. Al principio no vimos a nadie, así que abrimos la enorme puerta y nos colamos por la face, cuando llevábamos un minuto dentro oímos una voz a lo lejos y apareció un seguridad que nos decía que saliéramos, que allí no podíamos estar. Nosotros nos miramos y nos dijimos a la vez: - vamos a preguntar a ver si nos da un par de palets de estos que están aquí tirados por los suelos-, que va, el guardia nos echó de allí de buenas maneras, eso sí, pero en todo momento se mantuvo firme e indicó que todo aquel montón de porquería no se podía tocar, así que nada nos fuimos a buscar a otro sitio.
Dimos un par de vueltas con el coche y vimos otra fábrica en la que tenían muchos palets apilados en las paredes, así que entré a preguntar y le indiqué a un señor mayor si podía darme alguno que estuviera viejo o roto para un proyecto social que estaba llevando a cabo...la verdad es que el hombre fue muy amable y en vez de uno, me dio dos y además me prestó un martillo especial para poder hacer palanca y romper los trozos que necesitábamos, ya que uno de ellos no nos cabía en el coche y había que desmontarlo sí o sí. Así que nos pusimos en medio de la acera a dar golpes con el martillo para poder cargarlo en el coche. La verdad es que fue un espectáculo y todos los trabajadores que pasaban por allí nos miraban de reojo sin entender muy bien que hacía una chica joven y un señor mayor armando tanto escándalo allí en medio.
Una vez conseguida nuestra hazaña, me dirigí de nuevo a la empresa con el martillo en la mano y paso acelerado...cuando me crucé con unos chicos uno de ellos exclamó: -uy no nos atraques-, le miré y le dije: -hombre sería muy heavy que entrara con esto a robar- y el chico me dijo: - lo llevas en la mano...-, le sonreí y seguí hasta la oficina para devolverle de nuevo el martillo al señor.
Llevábamos el coche a tope de maderas, la verdad es que si nos hubiera visto la policía se abría quedado un poco de piedra ya que era un tanto extraño.
Volvimos al taller, descargamos el cargamento y desmontamos varios para adecentarlos un poco. El resto lo iremos haciendo con tranquilidad ya que al no ser mi taller, no puedo ir siempre que quiera, así que dependo exclusivamente de este buen hombre. Por lo tanto, seguiré haciendo cosas por mi parte para no perder el tiempo y disponer de material suficiente para presentarme a las ferias de artesanía, a ver si puedo vender mis bonitas creaciones. Os iré informando.



Gubi's place.

miércoles, 25 de enero de 2017

Me he dejado las llaves en casa...no hay nadie, pero yo toco al timbre por si me abre alguien...¿cómo?...




Esta es la cara que se le debe haber quedado a la vecina de arriba cuando se han dejado las llaves dentro de casa. Pero no solo eso, lo divertido y surrealista es que han estado llamando al timbre toda la mañana aún sabiendo que no había nadie dentro...¿que esperaban? ¿a que les abriera Dios?.
Os cuento como ha ido la cosa, estaba en casa y hacía rato que tocaban al timbre incesantemente. No he prestado mucha atención puesto que es lo habitual en ellos, tardan minutos y minutos en abrir, es alucinante. Parece que se preparen psicológicamente para llevar a cabo la difícil tarea de abrir la puerta, me encantaría que me explicaran porque tardan tanto, debe dar calambre...no sé. Bueno pues la cosa es que ha llegado mi novio y me ha contado que se ha encontrado con esta mujer que a duras penas habla español y le ha dicho que había dejado las llaves en casa, que no podía entrar y que su hija pequeña estaba dentro y no sabía abrir la puerta, hemos flipado bastante porque llamando al propietario o al administrador podría haber conseguido una copia. Sin embargo la mujer ha estado durante un buen rato llamando y llamando, con razón oía el timbre continuamente.
Al decirme que su hija menor estaba en casa, nos ha sorprendido que llamara constantemente a la puerta y no le diera las indicaciones pertinentes para que abriera...entonces he pensado para mí que pocas luces tienen estos vecinos. 
Lo divertido ha sido cuando he salido a la calle y me la he encontrado con su hija sentada en la escalera...en ese instante he alucinado y he llamado a mi novio para decirle: -oye que esta mujer está en la escalera con la hija...¿entonces por qué ha estado llamando con esa insistencia sino había nadie en la casa?- ver para creer os lo digo de verdad. 
Seis miembros y sólo uno tiene llaves, muy práctico no es la verdad. 
Y ojo, que no quiero que parezca que me aprovecho de las desdichas que les ocurren que no son pocas, pero es que estos vecinos dan para muchos posts. No hay día que no les caiga una prenda de ropa al patio, a este paso no sé que van a ponerse encima, pero no solo eso, entre las peleas, los golpes y demás hay para hacer mini historias y parodiarlas porque vaya tela marinera con la familia. Sólo nos faltaba hoy esta anécdota...la falta de resolución de las personas es increíble. Finalmente han entrado, aún no sé como.
En fin señores/as, lo dicho, con una comunidad así es imposible aburrirse, podríamos rodar, La que se avecina, pero mucho más cutre y quizá tuviéramos varios seguidores por Internet, no lo descarto.




Gubi's place.

martes, 15 de noviembre de 2016

Anécdotas perrunas parte tres...




Aquí va otra de anécdotas perrunas, esta vez escatológicas...que entenderéis a la perfección todos/as aquellos/as que tengáis peludines en casa.
Mi pareja ha llegado hace poco de pasear a nuestro perro y ha vivido in situ una asquerosa experiencia que me ha recordado una anécdota que yo viví con mi otra perra hace ya un tiempo. 
Cómo ya sabéis a los perros en general les da por seguir un rastro y nos arrastran hasta el lugar de dónde proviene aquel olor, muchas veces no lo encuentran ya que una ráfaga de viento lo transporta y es difícil precisar de dónde viene, otras veces tienen más suerte y encuentran aquello que persiguen fácilmente. 
Pues el suceso va de esto precisamente, mi pareja salía del parque con el perro y de repente este ha dado media vuelta, bordeando una caseta de almacenaje de herramientas, porque ha olido algo, así que mi novio no ha tenido más remedio que seguirlo, bordeándola también, pero con el inconveniente de que el animal iba delante y ha tenido tiempo de introducirse en la boca unas deposiciones secas como una zapatilla de esparto sin que mi pareja haya podido evitarlo. En un principio ha creído que se trataba de otra cosa, por ello le ha abierto la boca consiguiendo sacarle gran parte de la cacota, pero con la mala suerte de que nuestro perro se ha comido el resto. Al fijarse bien en lo que le acababa de extraer se ha dado cuenta de que se trataba de un excremento de grandes dimensiones y le han entrado arcadas ya que las manos le olían a flores...ya me entendéis. Cuando ha llegado a casa y me lo ha explicado después de lavárselas dos veces, me he reído y a la vez me ha fastidiado porque muchos años atrás otra de mis perras murió precisamente por ingerir unas heces de otro perro enfermo. Así que la cosa no es para tomársela a guasa, sino todo lo contrario, deberemos extremar aún más las precauciones y vigilarlo con más detenimiento. Esto no es un caso asilado, muchos perros son así, se comen las deposiciones de otros y no entiendo el por qué, ya que sólo de pensarlo me entran ganas de vomitar.
Precisamente esto que le ha ocurrido me ha recordado un suceso muy similar y más asqueroso ,si cabe, que sufrí con otra de mis perras. Era una calurosa tarde de verano de hace ya varios años y me encontraba caminando con mi perra por la montaña. Decidí soltarla y al ser un perro de caza, se perdía durante un buen rato para aparecer después, sentada en el camino, esperando. Aquel día desaperció entre la maleza y seguí caminando lentamente mientras oía sus ladridos a lo lejos. Al cabo de varios minutos me la encontré sentada en el camino con un pastel de color verde de grandes dimensiones mientras saboreaba un trozo con gran entusiasmo. Al llegar junto a ella me quedé atónita, no podía creer lo que estaba viendo, era lo más asqueroso que había visto jamás y encima la perra me miraba feliz como si me incitara a probar aquel manjar de los dioses. A día de hoy pienso en ello y aún se me revuelve el estómago porque le tuve que desinfectar la boca nada más llegar a casa y os aseguro que no fue plato de buen gusto.
Pero estas cosas pasan, yo prefiero que se coma un trozo de bocadillo antes de zamparse una porquería...pero los animales son carroñeros, si les dejáramos sueltos engullirían todo a su paso y caerían enfermos la gran mayoría de ellos.
Si seguimos así le vamos a tener que sacar con bozal...por lo pronto sólo lo he pensado porque no quiero que el animal se sienta violento.




Gubi's place.

lunes, 14 de noviembre de 2016

Anécdotas perrunas parte dos...




Una vez más escribo un post acerca de las anécdotas que me ocurren con mi perro. Como podéis ver en la imagen...al final los peludos hacen con nosotros lo que les da la gana y sin ningún tipo de reparo.
Hoy sin ir más lejos, mi perro me ha llevado hasta la tienda de mascotas y se ha esperado delante de la puerta hasta que han subido la persiana, menos mal que faltaban sólo unos pocos minutos sino imaginaos el plan porque el tío se sienta y no hay forma de moverlo de allí. Hemos entrado y al cabo de unos minutos se ha tumbado en el suelo a echar una cabezadita...ese comportamiento inusual me ha parecido sospechoso y mi voz interior ya me ha advertido de que algo se avecinaba. Evidentemente que no me he equivocado, porque después de quince minutos hemos podido salir a la calle y cuando le llevo a la montaña se come un trozo de bocadillo. No podéis imaginaros el mal humor que me ha entrado de golpe, porque he querido quitárselo y ha sido imposible, ha apretado los dientes y lo ha engullido sin a penas masticarlo. Me he frustrado porque no entiendo como puede zamparse las cosas que encuentra por la calle así sin más...en casa no pasa hambre y sin embargo jamás se ve saciado. Que flaco favor le hicieron sus antiguos dueños no sacándole a pasear, porque no solo no ha socializado sino que no ha aprendido maneras y si añadimos el abandono y la edad...la tarea se complica. Mi pareja y yo estamos sufriendo las consecuencias de todo ello, con dignidad y con humor porque no queda otra, pero estamos pagando los platos rotos.
A veces me gustaría tener a sus antiguos dueños delante para decirles cuatro cosas bien dichas porque es lo que se merecen. Pero al poco rato se desvanece ese pensamiento ya que no ganaría nada, sólo un disgusto y encima ellos no entenderían nada de nada.
No sólo tengo esta anécdota...hay más...a veces lo pillo husmeando por la habitación a ver que puede coger. Este sabe latín, ya lo he dicho varias veces, es más listo que el hambre y a veces creo que todavía nos sigue poniendo a prueba. Cosa que me parece normal debido al peso que aún lleva a sus espaldas, pero poco a poco verá que somos de buena pasta y nos acabará respetando y no gruñendo cuando algo no le gusta.
A mí me ha gruñido dos veces, una la segunda semana que quise peinarle y no estaba por la labor y otra hace dos que subió a la cama y le indiqué que bajara. Esta segunda vez fue un gruñido de niño pequeño que no está conforme con lo que le dicen, después me dio dos besos, además yo no tenía el día por temas familiares y sólo me faltaba el perrito dando por saco.
Pero la convivencia y el día a día tiene estas cosas. Generalmente todo va bien, pero a veces el perro no se porta tan bien y coge cosas de la calle, no obedece, se obceca con las cosas...no deja de ser un animal adulto con una educación de puertas hacia adentro exquisita, pero no de puertas hacía afuera.
Ahora nos toca ver vídeos de César Millán a ver como podemos solucionar algunos defectos de su carácter, como por ejemplo gruñir y lanzarse a morder a casi todos los perros que encuentra a su paso...tenemos una oveja con muy malas pulgas.




Gubi's place.

sábado, 12 de noviembre de 2016

Anécdotas con pequeños animalitos y cosas que no son bichos...





Otro post de anécdotas con pequeños animalitos que, a veces se nos cuelan en casa y con cositas que, creemos que son insectos pero no lo son. Creo recordar que anteriormente expliqué una relacionada con mi hermana y mi pobre cámara de fotos que salió volando por los aires...pero sino es así, prometo que lo expondré porque esa no tiene desperdicio alguno.
Esta vez hablaré de dos anécdotas en las que los protagonistas principales son, por un lado, mi padre y por otro mi madre. La primera de ellas sucedió hace unos años a primera hora de la mañana, cuando mi padre estaba en el baño y se preparaba para ir a trabajar mientras nosotras estábamos desayunando. De repente oímos como mi padre llamaba a mi madre con un hilo de voz a penas entendible y no podía salir. No entendíamos nada de nada porque por mucho que le preguntáramos no podíamos sacarle información suficiente que nos indicara que estaba pasando dentro del excusado. Lo único que oíamos era: -ay Dios mio-, frase que aumentaba nuestro nerviosismo por no comprender que narices le ocurría. Mi madre le decía que saliera y mi padre sólo podía contestarle que no podía moverse. Aquello era ridículo, como era posible que mi padre no saliera de allí y sólo pudiese decir que no podía moverse. Lógicamente mis hermanas, una servidora y mi madre estábamos perdiendo los nervios y empezamos a picar la puerta con gran entusiasmo, aunque sin éxito alguno, mi padre no tenía intención de abrir así que, tuve que coger un cable para intentar abrir la puerta. Después de pelearme un rato con la puerta y el cablecito, finalmente conseguí entrar y ahí estaba mi padre, con cara de susto, plantado como un pasmarote, blanco como la cal y señalando el lavabo con el dedo. Se movió lentamente y consiguió salir, mientras que mi madre le preguntaba que demonios había pasado allí dentro...mis hermanas estaban plantadas en el pasillo sin entender muy bien que pasaba, así que salí y me uní a la conversación ya que tenía gran interés por saber cuál era el motivo de peso que había provocado la parálisis transitoria de mi progenitor en el excusado. 
Si os digo que lo que casi provoca un infarto a mi padre fue un pequeño dragón... ¿cómo se os queda el cuerpo?...lo mismo pensé yo, tanta tontería por esto...ese pobre animal si debió sufrir un infarto hasta que conseguimos sacarlo del wc. Para que entendáis mejor que ocurrió os diré que estaba mi padre lavándose la cara, cuando cogió la toalla y al secarse, el pequeño lagarto le saltó a la mejilla. Entiendo que se asustara porque a mí me habría pasado igual, pero quedarse catatónico por enfrentarse a un pequeño dragón...es un poco ridículo, ya que estuvo más de media hora dentro sin poder moverse. Esta claro que mi padre frente a ciertos animalitos... pierde su hombría.
La segunda anécdota es más divertida y ocurrió hace muchos años un día que mis padres paseaban por el paseo de Castelldefels y a mi madre le cayó una hojita de un árbol en la espalda. Ni mis hermanas ni yo presenciamos aquella imagen...pero me habría gustado porque se que, me habría reído a gusto. 
Debo aclarar que a mi madre siempre le han aterrado todo tipo de insectos y cuando se ha visto frente a alguno ha perdido los nervios rápidamente y no ha tenido reparos en gritar, correr o subirse donde fuera necesario. Ahora que se ha hecho mayor los tolera bastante mejor, pero años atrás se ponía domo loca. 
Aquel día de verano, caminaban mis padres de la mano mientras charlaban tranquilamente y una ráfaga de viento provocó que una pequeña hoja cayera en la espalda de mi madre que, acto seguido se puso a gritar en medio del paseo, a desabrocharse la camisa y a desnudarse mientras le indicaba a mi padre que le quitara lo que le había caído en la espalda. Mi padre entre risas, asombro y desconcierto hizo todo lo posible para que mi madre no acabara desnuda en medio de la muchedumbre y tan pronto como vio que, lo que había en su espalda era una hoja, se lo dijo y la cogió para enseñársela y que así se calmara. Al principio mi madre no se lo creía y seguía dando gritos con la intención de quitarse el resto de la ropa si era preciso. Mi padre tuvo que hacer grandes esfuerzos por calmarla y sobretodo evitar que se quitara la ropa. Tras montar aquel espectáculo, se calmó y ambos se dirigieron con paso firme al coche y con la cara más colorada que el bote del tomate Orlando.
Esta segunda anécdota nos la explicó mi padre y siempre le ha provocado mucha risa porque sigue recordando aquella escena y como el resto de personas les miraban sin entender que narices pasaba...sólo veían a una mujer histérica gritando y medio desnuda, mientras un hombre trataba de calmarla entre risas, evitando que se quedara como Dios la había traído al mundo...para filmarlo ¿no creéis?.





Gubi's place.

viernes, 11 de noviembre de 2016

Las culebras de río...




He aquí una nueva anécdota, esta vez de mi infancia, la cual me ha venido hoy a la cabeza y me ha hecho reír a gusto. Hace ya muchos años estuve pasando unos días con mi familia en Castellar de Nuch, municipio muy bonito donde se encuentra el nacimiento del río Llobregat. 
En aquella época, tanto mis hermanas como yo éramos muy pequeñas...tanto que me atrevería a decir que mi hermana menor iba al parvulario, imaginaos si ha llovido que a día de hoy ya se aproxima a los cuarenta a una velocidad de vértigo. Ojalá pudiera volver a aquella época en la que, compartí los mejores momentos de mi infancia. Si me dieran la opción, sin lugar a dudas lo haría y los repetiría una y otra vez. Me acabo de emocionar y se me llenan los ojos de lágrimas porque me he dado cuenta de que lo mejor y también lo peor de mi vida, lo he pasado junto a mi familia . 
Odio crecer y hacerme mayor, se que forma parte del proceso de nuestra existencia, pero me cuesta aceptarlo y a medida que pasan los años, lo tengo más presente. Se que no somos eternos y que por lo pronto todo apunta a creer que vida solo hay una y debemos vivirla de la mejor manera posible...pero yo quiero seguir creyendo que hay algo más, pero hasta que no me llegue el día del juicio final no podré saberlo. 
Así que aprovechad todos los buenos momentos con vuestros padres, madres, hermanos/as, tíos/as, sobrinos/as... y mantened una buena relación con ellos porque al final, lo que prevalece es el núcleo de nuestra familia. 
Dicho esto y habiéndome enjuagado los ojos, prosigo con mi relato que me enrollo como una persiana y de un tema paso a otro con una facilidad tremenda.
Pues cómo os decía estaba pensando en anécdotas pasadas y he recordado esta en particular porque aún tengo la estampa en mi memoria y al imaginarla de nuevo me río, no lo puedo evitar.
Aquel día estaba con la familia cerca de las Fuentes del Llobregat y nos sentamos a descansar mientras pusimos los pies en el agua. Mi padre se adentró en el río con mi hermana pequeña y caminaban tranquilamente mientras observaban pequeños peces y la tipología de vegetación que allí había. Todo parecía normal, un fin de semana tranquilo y relajado, en familia.
Pero, de repente una pequeña culebra pasó por el medio de las piernas de mi padre, este dio un respingo, agarró a mi hermana de la mano y piernas para que os quiero empezó a correr hacía la orilla. Aquel día mi padre aprendió a caminar por encima del agua, imagen que puede resultar increíble de creer pero es cierta, vamos que ni Carl Lewis en los 100 metros corrió como lo hizo mi padre ese día, literalmente volaba y mi pobre hermana que no entendió nada de lo que ocurría al ver a su padre correr, hizo exactamente igual, correr como una loca, muy asustada porque creyó que algo malo ocurría. 
Yo saqué los pies del agua y me quedé en shock varios minutos contemplando aquella escena. Tras el susto inicial, mi padre explicó porque había salido de esa forma del agua y todos nos reímos, menos mi hermana pequeña que se había asustado de verdad y tardó un rato en recuperarse.
Cuando somos pequeños creemos que nuestros padres son súper héroes que pueden con todo...después ves a un hombre de más de metro ochenta correr por encima de las aguas arrastrando a su hija pequeña con la cara desencaja por el susto y se le cae a una el mito al suelo...conclusión, los padres también tienen miedo a los insectos y reptiles, es decir que son humanos, no súper héroes.







Gubi's place.

domingo, 16 de octubre de 2016

Anécdotas en el trabajo...segunda parte...



Hace unos días escribí a cerca de aquellas situaciones que todos/as vivimos y sufrimos en el trabajo, aquel lugar dónde lamentablemente algunos/as hemos pasado más horas que en nuestra propia casa.
Cómo mi experiencia laboral es amplia y variada, en veintidós años he tenido tiempo de trabajar en varios sectores en los que he visto y he vivido de todo, os lo aseguro.
Recuerdo que hace tiempo trabajé para una firma de ropa interior de éxito que es frecuentada por muchas mujeres y chicas jóvenes. Por aquel entonces la empresa lanzó una colección de ropa casual que se ha mantenido hasta hoy debido a su buena acogida. La verdad es que fueron unos meses divertidos en los que me tocó trabajar en un sector en el que jamás había trabajado y lo pasé bien porque además coincidí una temporada con mi hermana mediana. 
Pero no todo fueron risas y buen rollo también hubieron momentos tensos, sobre todo cuando robaban en la tienda, cosa que se producía prácticamente cada semana. Por aquel entonces yo me encargaba del almacén y también atendía en la caja y colocaba las prendas de ropa y aunque no entraba en mis funciones, me dejé llevar y empecé a vigilar todos los movimientos de las personas que entraban y salían, parecía el guardia de seguridad de la tienda y debo confesar que gracias a ello pudimos atrapar con las manos en la masa a más de uno/a. Mi jefa no daba crédito y cuando me veía aparecer por la tienda ya se reía porque sabía que en el momento en el que me pusiera la ropa de la empresa me convertiría en una especie de inspector con rayos x en los ojos, capaz de ver incluso a través de las paredes.
Cabe destacar que los robos no eran nada discretos, hubieron personas a las que se les pilló con los percheros de la ropa saliendo por la puerta, ver para creer. Además cómo las prendas por aquel entonces no llevaba alarmas podéis imaginar que para un ladrón aquel lugar era un paraíso.
Otra zona peculiar era el almacén, un espacio enorme que parecía una nave industrial, con varias salas repletas de estanterías que llegaban hasta el techo por las que había que escalar, literalmente, para poder alcanzar las prendas que se encontraban en la parte superior de las mismas. Estanterías más inestables que el ánimo de un adolescente por lo que las probabilidades de romperse la crisma eran bastante elevadas, todo se ha de decir. Pero lo más divertido era ver a alguna compañera encaramada en lo alto de una estantería con una pierna en un lado y la otro en el otro, prácticamente haciendo un espagat, que mediante equilibrios inhumanos colocaba la ropa o buscaba alguna talla arriesgándose a partirse en dos. Yo también tuve que encaramarme y escalar por aquellos estantes en varias ocasiones, parecía un mono en medio de una jungla de bolsas, pijamas, ropa interior y calcetines.
Estoy completamente segura que si hubiese venido algún inspector de riesgos laborales, se le cae el pelo a la empresa porque aquello no tenía nombre. Tampoco teníamos si quiera vestuario, nos cambiábamos en las entrañas de la tienda, en una sala enorme repleta de trastos y ropa, dotada de un minúsculo lavabo y fría como un iglú. Así que permanecer allí mucho tiempo no era demasiado aconsejable.
Otro de los detalles a tener en cuenta que a día de hoy se repite una y otra vez en las tiendas de ropa, eran las rebajas, las santas rebajas, todo se ha de decir. Una vez cumplías tu horario cerrabas las puertas y se contaba prenda por prenda, cambiando los precios y enganchando las nuevas etiquetas. Un trabajo de chinos que los clientes no valoran y que no se comprende hasta que no se ha vivido en primera persona. Esta hazaña nos llevaba casi toda la noche, así que se cenaba en la tienda, se ponía música y se procuraba pasarlo lo mejor posible a pesar del cansancio y del handicup de volver a empezar desde cero si alguien se equivocaba, por ello había que estar bastante concentrado mientras se etiquetaban las prendas.
Quizá es por ello que a día de hoy, cuando entro en alguna tienda y miro alguna prenda intento colocarla como estaba porque se que es una tocada de narices tremenda que al final del día de la sensación que una manada de elefantes ha pasado por la tienda, arrollando todo a su paso. Lo sé por experiencia porque no hay nada más ingrato que encontrar prendas rotas y sucias porque los clientes no tienen ningún tipo de consideración ni respeto por las personas que allí trabajan, ya que no son nuestros criados y no están allí sólo para doblar la ropa que muchos desaprensivos dejan de cualquier manera en los estantes.




Gubi's place.

viernes, 14 de octubre de 2016

Anécdotas en el trabajo...primera parte...



¿Quién no tiene alguna anécdota divertida que contar a cerca de su trabajo?, a estas alturas creo que prácticamente todos tenemos historias divertidas e insólitas en las que nos hemos visto envueltos en algún momento durante la jornada laboral.
Yo atesoro varias de cada uno de los trabajos en los que he estado, por lo pronto empezaremos por el principio.
Empecé mi andadura laboral en una empresa muy famosa de comida rápida que creció como la espuma cuando se celebraron los Juegos Olímpicos del 92 en la ciudad Condal. Recuerdo muchos de las situaciones allí vividas cómo si fuera ayer, tanto los buenos como los malos momentos, porque hubo de todo y no siempre agradable la verdad. Pero hay dos cosas que las tengo bastante grabadas en mi memoria y eso que han transcurrido ya más de veinte años que se dice pronto. 
En aquellos años en los que la proyección de Barcelona era lo más importante, un aluvión de turistas inundó la ciudad durante mucho tiempo, por ello las colas eran interminables y durante horas no podías moverte de la caja. Parecíamos autómatas a los que nos habían dado cuerda y nos habían colocado en las cajas para cobrar y servir sin parar. Era de locos, un trabajo totalmente esclavo e inhumano y muy mal pagado con el que perdías la noción del tiempo fácilmente y en el que hacías más horas que un reloj sin respetar los descansos que marcaba la ley. Pero todos hemos de empezar por algo ¿no? así que estas cadenas eran la manera más fácil de ahorrar y poder pagar los estudios.
 Una de las anécdotas que más recuerdo es la del cuarto de las basuras, con este nombre podéis imaginaros de que va la cosa ¿no?, se trataba de una habitación de unos cuarenta metros cuadrados repleta de bolsas de basura que se habían recogido en el comedor del restaurante y que se habían ido acumulando durante el día en ese cuarto de los horrores. En algunas ocasiones tocaban el techo y obstruían el conducto que comunicaba el comedor con la estancia provocando un colapso en la sala y la correspondiente acumulación de bolsas en medio del salón dando una imagen bastante desastrosa del restaurante. Pero en horas punta nadie se encargaba de ese cuarto, así que se iban acumulando, hasta que cesaba el trabajo y algún infeliz tenia que sumergirse entre las bolsas de ketchup, coca-cola y restos de hamburguesas que se habían acumulado en las entrañas del restaurante. En varias ocasiones me tocó lidiar con bolsas repletas de restos de comida, escalando por encima de ellas e introduciendo mi pie dentro de las mismas con el gustazo de sentir aquel líquido recalentado de la famosa bebida efervescente que tantas y tantas comidas familiares había acompañado durante nuestra vida. En aquellos momentos el contacto de aquel líquido con mi piel, empapando mi calcetín sin opción a poderme cambiar, no era para nada gratificante. En muchas ocasiones perdí el equilibrio y topé de bruces contra trozos de hamburguesas o ensaladas que me saludaban desde el fondo de las bolsas. Era bastante repugnante y ordenar, limpiar y vaciar todo aquello parecía misión imposible. Por lo tanto una vez conseguida aquella hazaña, te situabas al lado de la puerta repleto de mierda de la cabeza a los pies y te sentías orgulloso de que se vieran las paredes y todo volviera a relucir...hasta que alguien desde arriba gritaba de nuevo: -¡bolsa va! y aquel mágico momento se desvanecía entre patatas fritas y nuggets de pollo. Lo mejor era cuando avisabas a los de arriba que no tiraran bolsas porque estabas desatascando el conducto y hacían caso omiso y volvían a tirar otra, sin cerrar, provocando que una lluvia de coca-cola cayera por las paredes y te empapara la cara, la gorra y la camiseta. Me entraba una mala hostia que me costaba incluso reprimir mis impulsos de coger a aquel desgraciado y hundirle la cabeza dentro de un vaso de fanta usado y chupeteado hasta que pidiera clemencia. De verdad que no podéis imaginaros como fastidia el dar una simple indicación y que se la pasen por la parte dónde amargan los pepinos mientras se ríen de ti porque te ha tocado ensuciarte.
Lo mejor de todo esto no era el salir lleno de porquería oliendo a rayos y truenos, lo mejor era que te colocaran después en caja para atender a los clientes mostrando los lamparones de coca-cola en la camiseta y trozos de lechuga o tomate por los brazos o en la gorra...vamos antihigiénico total, pero cómo había trabajo no podías siquiera ducharte y cambiarte...a día de hoy esto no me pasa, pero cuando eres joven y sin experiencia, te tratan como quieren, una pena.
Otra de las anécdotas que recuerdo y que a día de hoy aún me provoca risa, es muy escatológica y siento en el alma que tuviera que ser mi compañera quién entrara en aquel baño a limpiar aquella barbaridad proveniente de algún intestino humano...o no...aquel día si que lo recuerdo muy bien porque fue muy largo y duro. Me tocó trabajar varias horas en sala y me consoló el compartir aquella jornada con una compañera, cuyo nombre ya ni recuerdo, con la que por aquel entonces compartía una muy buena amistad. 
La verdad es que limpiar los baños es lo más ingrato que hay en este mundo y siento gran respeto y admiración por todas aquellas personas que trabajan en el sector de la limpieza. Considero que es el trabajo más menospreciado e infravalorado que existe en este planeta. 
Una vez dicho esto os comento que aquel día algún degenerado había ido al baño masculino y había querido hacer la gracia, por catalogarlo de alguna manera, ensuciando de excrementos las paredes, la pica, la puerta, etcétera, etcétera. Cómo podréis comprender ni por muy alto que sea el sueldo, que no lo era, podía pagar el entrar allí y limpiar todo aquello. Hacía falta valor, coraje y un equipo de buzo si se quería salir vivo de aquel retrete. Pues mi compañera y una servidora nos encontramos en la tesitura de quién iba a ser la valiente que limpiara aquel baño. Muy a mi pesar y nada más abrir la puerta y ver aquel espectáculo de deposiciones colocadas estratégicamente por todos los rincones del lavabo me di media vuelta y entre arcadas le dije a mi compañera que no tenía pelotas de hacerlo. Así que aquella pequeña mujer se colocó los guantes de fregar, llenó el cubo de agua y lejía, se cargo la fregona y se aventuró en aquel excusado al que más bien habría que haberle prendido fuego directamente. Y yo entre arcadas y risas nerviosas me dediqué a limpiar la sala y esperé hasta que aquella valiente mujer a la que tendríamos que haberle hecho un altar en medio del salón saliera invicta de aquel baño.
Nunca podré olvidar su cara de desaprobación, odio y asco hacía el mundo en general, la entendí muy bien porque cuando trabajas en estos sitios te das cuenta de la bajeza del ser humano. Ya que muchas veces estos actos vandálicos, asquerosos y repugnantes se producen sólo para molestar y reírse con sus amigotes, lo que ya da muestras de su alta capacidad intelectual.
Con el tiempo te queda un recuerdo divertido, curioso y a veces incluso amargo de las muchas cosas que viviste allí pero que te ayudaron a ser la persona que eres ahora. 
Todos/as los que hayáis trabajado en restaurantes de comida rápida, sabréis a que me refiero.
Así que por lo pronto esta es la primera parte de anécdotas en el trabajo, un poco más en el próximo post...no os lo perdáis.


Gubi's place.

sábado, 1 de octubre de 2016

Anécdotas perrunas...




Quien ha tenido mascotas seguro que más de una anécdota habrá vivido y en reuniones familiares o con amigos las habrá explicado para rememorar ese momento por su carácter divertido o sentimental.
Yo tengo varias anécdotas que a día de hoy me hacen reír y otras me transmiten mucha nostalgia ya que los lazos que me unían a mis perros eran tan fuertes como los que tengo con la familia y el perderlos fue muy traumático.
No me quiero poner sentimental que me conozco, así que iremos al meollo del asunto; una de mis perras a los pocos días de tenerla en casa se subió con gran soltura a la mesa del comedor y se zampó una tortilla de patatas. Así tal cual os lo cuento. Cada vez que lo pienso me da risa pero en aquel momento nos quedamos perplejos la verdad.
Otra de ellas, al ser un perro de caza tenía el olfato muy desarrollado y cada vez que la sacábamos se escapaba y durante mucho rato se le oía ladrar a lo lejos. Así que no quedaba otra que sentarse en el camino a esperar que el perro viniera. Esto me pasó varias veces e incluso algunas personas que paseaban me indicaban que la habían visto correr y ladrar bien lejos. Recuerdo en una ocasión que la muy cochina se comió unos excrementos de otro perro y cuando llegué hacía ella aún lo estaba saboreando y al mirarme parecía que me decía: -¿quieres un poco?, para matarla. No voy a dar más detalles porque fue muy escatológico y tampoco es plan, sólo os diré que tuve que desinfectarle la boca, entre naúseas, porque parecía un estercolero.
De ambas recuerdo las interminables carreras por dar caza a las palomas, sin mucho éxito por cierto, porque la pequeña a los pocos minutos tenía que parar para tomar aire y la más grande aún seguía en su empeño durante varios minutos más. Al menos puedo dar fe de que dormían toda la noche.
También recuerdo que una odiaba el secador de pelo, se le tiraba a morder y enseñaba los dientes, la otra la aspiradora, le tenía un odio bestial. Una de ellas si no quería que la cogieras en brazos se hacía la muerta y no había manera, ya podías intentarlo que no habían pelotas de levantarla. Y la otra cuando no quería mimos hacía lo posible por saltar al suelo. Vaya dos, que grandes recuerdos tengo de cada una de ellas, compartieron buenos momentos conmigo, entrañable e inolvidable época que ya nunca volverá.
Y ahora tengo desde hace unos días al perrito que ya comenté hace unos días y del cual he hecho una página especial para él en la que iré colgando fotos, vídeos y comentando como va la adaptación, entre otras cosas. De momento la anécdota más divertida ha sido el encaramarse al mármol de la cocina y robarme la magdalena que tenía preparada para darle sus gotas de flores de bach. Fue despistarme un momento para lavarme las manos, dejarla un poco al borde y ¡zas! se la zampó hasta con el envoltorio, vaya tela. 
Estas cosas pasan y nos alegran el día. Siempre he tenido muy buenas experiencias con mis perros, espero que con este también ocurra lo mismo ya que su historia y circunstancias son complicadas, pero con amor y paciencia todo se puede conseguir.




Gubi's place. 



miércoles, 8 de junio de 2016

Anécdotas curiosas que me ocurren con mi cámara.


Como ya dije hace un tiempo en los inicios de este blog, mi afición por la fotografía me está abriendo nuevas perspectivas y está facilitándome la comunicación con el resto de personas. Además se ha convertido en mi talismán y cuando estamos juntas me siento bien porque me rodea de un áurea especial y permite que las personas se acerquen a mí. Es algo muy curioso que me ocurre últimamente con bastante frecuencia. 
Hoy, sin ir más lejos he sido partícipe de una anécdota muy divertida y hace un par de semanas me vi envuelta en otra aún más divertida y curiosa si cabe.
Primero voy a explicar la que me ocurrió hace dos semanas, resulta que iba con mi padre por la montaña con la intención de estrenar mis nuevas lentes para la cámara, una macro y un gran angular. Ese Domingo hacía mucho viento y hacer una fotografía decente era muy complicado, no obstante el resultado fue mejor de lo esperado. Pues en un momento dado descubrimos un diente de león muy grande y como estaba colocado en medio del camino cuyas paredes no dejaban pasar el aire decidimos inmortalizarlo en una bonita foto. Así que mi padre se puso manos a la obra con su teléfono y yo con la cámara...cuando de golpe y porrazo una mujer que bajaba con su perra se paró a nuestra altura y entabló conversación con nosotros. Al verme con la cámara me hizo unas preguntas de forma amable y una cosa nos llevó a la otra hasta que caminando, caminando me pidió si podía hacerle unas fotos con su perra y enviárselas. Accedí y las hice, me indicó su nombre y teléfono y nos despedimos. A la tarde me puse a revisar las fotos y edité las suyas con intención de enviárselas, les puse un marco bonito y añadí un efecto para enfatizar la figura de ella y la de su perra y se las envié. A los pocos minutos me contestó agradeciéndome el hecho de que le enviara las fotos e indicándome que le habían agradado. La cosa quedó ahí y yo proseguí con mis quehaceres en el ordenador. Al cabo de unas horas me envió un wassap indicándome de nuevo que era muy buena fotógrafa, cosa que agradecí con creces, que las fotos eran muy bonitas, que le habían hecho mucha ilusión y me preguntó de nuevo que había estudiado porque su hija estaba con ella y tenía interés en saberlo. A los pocos minutos era la hija quién me hablaba, hasta que me dijo que anotaba mi nombre y abria un nuevo chat de wassap para charlar conmigo. Aluciné bastante porque habitualmente esto no me pasa, tanto la madre como la hija me parecieron encantadoras y charlando, charlando con ella hemos quedado para vernos un día de estos y conocernos en persona. Ya veis que cosas tiene la vida...la verdad es que mi eslogan a partir de ahora va a ser: -ponga usted una cámara de fotos en su vida.
Después de esta anécdota que es muy curiosa y divertida y me demuestra de que hay personas cercanas, amables y con gran predisposición a entablar una relación de amistad, voy a narraros lo que me ha sucedido hoy.
La semana pasada descubrí unos bonitos y enormes girasoles que me llamaron mucho la atención, así que pensé que sería muy buena idea poder fotografiarlos. Así que hoy me he decidido y me he acercado al lugar donde los he visto para pedir permiso y hacer algunas fotos. Como se encontraban en una propiedad privada he preguntado y me han indicado que se lo comentara al señor que se encargaba de los huertos, así que he tenido que salir de nuevo y buscar al hombre para pedirle permiso para entrar. Otro buen hombre ha salido del recinto detrás de mí y me ha preguntado que sino me había gustado nada de lo que había dentro, a lo que le he respondido que sólo quería fotografiar los girasoles y por su cara ha alucinado un poco, porque entiendo que no es lo normal. Ya que ese lugar es un recinto bastante grande de ropa de segunda mano y no creo que estén habituados a que llegue una persona pidiendo permiso para fotografiar las flores...así que ambos nos hemos puesto a buscar al señor que se encargaba del huerto. Bajo un sol de justicia me he puesto a hablar con el otro hombre que me daba ideas para fotografiar los girasoles desde la verja, pero mi intención era entrar y tenerlos lo suficientemente cerca para que la foto saliera bien. Al cabo de pocos minutos he visto al encargado del huerto y le he llamado desde el otro lado de la verja. Al principio no me oía y le he tenido que repetir varias veces cual era mi intención. Reconozco que ha sido muy amable, me ha indicado que accediera otra vez al recinto y desde allí me guiaba hasta los girasoles. Ha empezado a charlar conmigo y me ha explicado que se encargaba del mantenimiento de las plantas y del huerto. A todo esto el otro señor nos observaba desde la verja sin perder detalle y metiéndose en la conversación...que vamos a hacerle, si el pobre no tenía nada mejor que hacer almenos se divertía un poco. 
Por el camino he ido haciendo fotos de varias flores muy bonitas que este buen hombre tenía por allí mientras me explicaba su vida y milagros. No me ha importado, la verdad es que ha sido una experiencia divertida. Finalmente hemos llegado a los girasoles y eran altísimos...o yo soy muy baja, si creo que es eso. Acceder hasta ellos ha sido un show porque habían improvisado unas maderas por el suelo a modo de tarima y debías ir con cuidado porque habían varios trozos sembrados y poner el pie en medio me sabía bastante mal porque he podido ver unas lechugas la mar de majas. Así que como si de un campo de minas se tratara ,me he acercado a los girasoles y he hecho varias fotos mientras los dos hombres me indicaban cuál era el mejor ángulo, según ellos, para hacer las fotos. Ha habído un momento que uno de ellos me ha dicho: -pase por aquí que podrá hacer la foto de estos tres que son bien majos-. Para el era sencillo dar las órdenes desde su posición pero para mí acceder a donde me indicaba era un poco más difícil porque he tenido que sortear una manguera que parecía una anaconda y he tenido que pasar entre los girasoles mientras oía a las abejas y demás insectos revolotear por mi cabeza. A todo ello oía como exclamaban:    -es usted muy buena fotógrafa-, y me ha hecho gracia.
No obstante y a pesar de sentirme como Alicia en el País de las Maravillas he conseguido mi objetivo y las fotos han quedado estupendas. Ha valido la pena meterme allí dentro, supongo que es lo que hacen los buenos fotógrafos ¿no? atreverse a explorar y no tener miedo a lo que puedan encontrarse.
Estas han sido las dos anécdotas más significativas que me han ocurrido estas últimas semanas. ¿Os ha pasado algo parecido alguna vez?




Gubi's place.