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martes, 25 de julio de 2017

Sin miedo al fracaso las cosas se ven más claras...



El paso del fracaso al éxito viene separado por una fina línea que depende exclusivamente de nosotros y de nuestra actitud. Muchas veces cuando salimos de nuestra zona de confort nos encontramos con situaciones muy distintas a lo que habitualmente estamos acostumbrados y eso hace que dudemos y que nos cueste seguir adelante y tomar decisiones. Pero está claro que en esta vida quién algo quiere, algo le cuesta, las cosas no vienen solas y nadie regala nada de nada. Aunque tengas miedo, hazlo porque después una vez hecho, la satisfacción es mucho mayor.
Se avecinan tiempos de cambios, momentos en los que deberé tomar decisiones y salir del cascarón de una vez por todas, se avecinan momentos en los que deberé poner toda la carne en el asador y dar la mejor versión de mi misma, aun sabiendo que me va a costar y que no va a ser nada fácil. Pero nadie dijo que esto fuera fácil, sino todo lo contrario, hay que luchar, hay que pelear y levantarse cuentas veces sea necesario, sin mirar atrás. Cada día debe ser una nueva oportunidad para triunfar y hacer las cosas un poco mejor.
Así que vamos a por todas, al menos que nadie diga nunca que no lo intenté si valía la pena hacerlo.
Es por ello que cuando te enfrentas a tus miedos y coges las riendas de la situación, todo se ve mucho mejor, al menos la perspectiva es mucho más clara y nos ofrece una visión más objetiva de todo.







Gubi's place.

miércoles, 12 de julio de 2017

Odontofobia...



Este gif tan gráfico muestra como estaré yo mañana en la consulta del dentista...y sin exagerar un ápice. Solo pensarlo me pongo enferma, digamos que unos días antes me cuesta incluso dormir. Soy consciente de que este miedo es provocado principalmente porque hace unos años me extrajeron una muela del juicio y el post operatorio fue horrible, los dolores tremendos e insoportables, además un hematoma de varios colores me recorrió la cara desde la mejilla hasta el cuello. De esta guisa tuve que ir a trabajar sin poder pedir la baja, fue inhumano, nunca lo olvidaré. El temor a perder el trabajo provocó que no cogiera la baja por iniciativa propia y me dirigí a mi puesto de trabajo con la cara hecha un poema, totalmente hinchada y desfigurada, además coincidió con la apertura de una nueva tienda, ya que por aquel entonces trabajaba como dependienta en una zapateria. Podéis imaginaros la estampa, repleto de gente, dopada hasta las cejas, sin poder casi hablar y dando el callo a pesar del trato que estaba recibiendo.
Tengo la sensación que después de aquello mi percepción a cerca del dentista cambió drásticamente. Voy con miedo, pero voy porque se que es bueno y necesario...pero una vez allí no veo el momento de salir corriendo como alma que lleva el Diablo. 
Hace unos meses comenté que tuve la mala pata de sufrir una infección debido a una endodoncia practicada hace años. Digamos que formé parte de ese porcentaje de personas que años después deben acudir al dentista a que les quiten la pieza, ya que matar el nervio, no es algo que dure para toda la vida...cosas que pasan. Así que en estos momentos nos encontramos en pleno proceso de implante dental y aunque no noté nada cuando me perforaron para colocarme el tornillito, por dentro no podía contenerme y rompí a llorar, voy a tener que trabajar esto, aunque no se como.
Mi consejo es que no descuidéis vuestra boca aunque tengáis miedo, porque es más importante de lo que parece.




Gubi's place.

lunes, 6 de marzo de 2017

Hay miradas que matan...



Con esta imagen creo que la frase que encabeza este post queda totalmente aclarada, de hecho creo que no debería decir nada más al respecto, sin embargo lo haré porque sino este artículo no tendría sentido alguno.
Hace ya unos diecisiete años, que parece que no, pero es tiempo; yo no tenía la mentalidad que tengo ahora ni las ganas ni el aprendizaje que me ha dado la vida hasta el día de hoy. Entré a trabajar en una empresa de comida rápida, particularmente de pizzas, que a día de hoy existe y sigue teniendo mucha fama y allí conocí a un grupo de personas con los que empecé una particular amistad que al salir de allí se terminó para siempre. Una de aquellas personas es una chica a la que vi recientemente y se paró para saludarme e indicarme que esperaba a su segundo hijo...la verdad es que me sorprendió porque hacía años que no habíamos vuelto a hablar. De hecho fue una amistad difícil aquella, era una chica especial con una tendencia a la depresión y negatividad que no ayudaban en nada. A raíz de conocerla a ella y con la intención de sacarme un dinero extra, habló con su hermana mayor que trabajaba en una empresa del entorno farmacéutico y me contrataron para realizar pequeñas tareas administrativas. Hasta aquí todo parece normal, entablé relación con la hermana, e incluso en un par de ocasiones y por motivos de horario me acompañó a casa en coche y coincidimos en un par de comidas. Ella fue amable y creo que yo a pesar de mi edad y las tonterías que pudiera tener en aquellos momentos en la cabeza, siempre procuré ser correcta. Hasta que un día, después de una analítica, no me presenté en mi puesto de trabajo y tampoco llamé para indicar que me había mareado y que volvía a casa. No sé muy bien porque lo hice, no lo recuerdo a penas. Tan sólo puedo deciros que cometí la gran equivocación de no llamar. Todos para aprender debemos equivocarnos, yo aprendí aquella lección como si me la hubiesen grabado a fuego en la piel y os aseguro que desde aquel entonces, me convertí en una persona altamente responsable.
La historia no acaba aquí, además de no presentarme en el trabajo, su hermana me había prestado un cd de Whitney Houston que casualmente rompí, por accidente, como me ha dolido aquello os lo aseguro...y tuve que devolverlo con la vergüenza que aquello me supuso por aquel entonces. Con la carga de la irresponsabilidad por mi falta cometida y con el pesar de aguantar una lluvia de argumentaciones e insultos varios por teléfono, de su hermana pequeña, es decir, mi compañera de pizzeria. La cosa acabó con el consiguiente despido de aquella empresa y con la continuidad en la pizzeria. Esta chica y yo seguimos una amistad después, a pesar de lo ocurrido, pero nunca fue buena ni agradable. Habían demasiadas diferencias irreconciliables entre ambas y ella nunca puso las cosas fáciles, así que poco a poco el tiempo y la vida nos separó, hasta que el año pasado me la encontré de nuevo. Lo divertido es que a su hermana mayor no la había vuelto a ver desde entonces, ni siquiera recuerdo cuando fue la última vez que vi a esa mujer...y ahora me la he vuelto a encontrar en varios sitios y cada vez que me ve, siento su ira, su rabia y su rencor hacía mí. Confieso que no me gusta, es como si me atravesara el alma con una espada de hoja muy afilada. Después de tantos años, ella sigue teniendo la imagen de una persona irresponsable cuando me ve, no puede contener su asco y odio hacía mí. Me entristece, porque ya no soy la misma persona, pero ella no lo sabe...de hecho cuando me encontré a su hermana se lo dije, que me sabía muy mal y le pedí disculpas de nuevo. Quizá ambas hermanas hablaran después y recordaran aquella anécdota, posiblemente la pequeña me haya perdonado, sino no me habría parado por la calle, pero la mayor no lo ha hecho.
Creo que me toca cerrar esa puerta y enfrentarme una vez más a mi pasado. Aunque me da respeto, no me queda otra que parar a esta mujer y decirle cara a cara que no albergue más odio en su interior, fue un error y ya pagué por él. Ya no es necesario seguir asqueada cada vez que me ve, eso no le ayuda a ella ni a mí, porque os aseguro que noto sus vibraciones y eso no es nada agradable. No tengo ni idea de como puede llegar a reaccionar, quizá me esquive, quizá me insulte o tal vez acepte mis disculpas y pueda dar carpetazo a ese tema...no tengo ni idea, solo se que debo hacerlo. Ya os contaré que tal ha ido...
A veces hay que cerrar bien los temas del pasado, sino después nos siguen persiguiendo y así no hay manera de avanzar.






Gubi's place

viernes, 13 de enero de 2017

La casa de los horrores...



Mi post trata sobre una casa de estilo modernista que se encuentra en mi pueblo, justo en el paseo que lleva a la oficina de correos y aunque ni de lejos tiene la pinta de la de la fotografía, porque jamás habría pasado por delante, os lo aseguro, consigue igualmente estremecerme, a pesar de tener mucho mejor aspecto, cada vez que paso por delante de ella.
Son una sucesión de seis casas de las cuales dos de ellas están vacías desde hace un tiempo, todas tienen un pequeño jardín y particularmente una tiene un montón de molinos de viento de juguete que miden más de un metro de alto y cada vez que paso por delante se mueven con el aire y me transmiten muy malas vibraciones. Además apenas tiene luz, el jardín no esta demasiado bien cuidado y los molinillos están  dispuestos a ambos lados del camino y en la entrada de la finca, parecen centinelas al acecho. También tiene varias bolsas enormes de pienso para perros colocadas en el fondo de forma bastante misteriosa.
Estas pasadas Navidades la casa estaba adornada con luces pequeñas que aportaban un aire más siniestro si cabe y el tintineo de varias piezas metálicas al chocar contra ellas añadían un aspecto más tétrico a la casa.
A mi perrito le gusta mucho ese camino, de vuelta solemos pasar por esa calle pero ahora que lo pienso bien, creo que jamás se ha parado delante de esta casa y entiendo perfectamente el por qué.
Aún no he visto a nadie salir o entrar, las ventanas siempre están cerradas, ni siquiera se ve luz a través de ellas, además la puerta es vieja y se han colocado varios tablones mal puestos, como si la hubiesen querido arreglar...con bastante mal gusto sinceramente. Como podéis leer no es una casa que invite a pasar delante de ella y contemplarla, más bien incita a acelerar el paso.
El día que vea movimiento a través de las ventanas o en el jardín, espero no morirme del susto y poder escribir un post sobre ello.
Fijaos como es la imaginación humana, que tan solo hablo del aspecto externo y me entra el canguelis...tratando de averiguar quién puede vivir en un lugar así.



Gubi's place.

sábado, 12 de noviembre de 2016

Anécdotas con pequeños animalitos y cosas que no son bichos...





Otro post de anécdotas con pequeños animalitos que, a veces se nos cuelan en casa y con cositas que, creemos que son insectos pero no lo son. Creo recordar que anteriormente expliqué una relacionada con mi hermana y mi pobre cámara de fotos que salió volando por los aires...pero sino es así, prometo que lo expondré porque esa no tiene desperdicio alguno.
Esta vez hablaré de dos anécdotas en las que los protagonistas principales son, por un lado, mi padre y por otro mi madre. La primera de ellas sucedió hace unos años a primera hora de la mañana, cuando mi padre estaba en el baño y se preparaba para ir a trabajar mientras nosotras estábamos desayunando. De repente oímos como mi padre llamaba a mi madre con un hilo de voz a penas entendible y no podía salir. No entendíamos nada de nada porque por mucho que le preguntáramos no podíamos sacarle información suficiente que nos indicara que estaba pasando dentro del excusado. Lo único que oíamos era: -ay Dios mio-, frase que aumentaba nuestro nerviosismo por no comprender que narices le ocurría. Mi madre le decía que saliera y mi padre sólo podía contestarle que no podía moverse. Aquello era ridículo, como era posible que mi padre no saliera de allí y sólo pudiese decir que no podía moverse. Lógicamente mis hermanas, una servidora y mi madre estábamos perdiendo los nervios y empezamos a picar la puerta con gran entusiasmo, aunque sin éxito alguno, mi padre no tenía intención de abrir así que, tuve que coger un cable para intentar abrir la puerta. Después de pelearme un rato con la puerta y el cablecito, finalmente conseguí entrar y ahí estaba mi padre, con cara de susto, plantado como un pasmarote, blanco como la cal y señalando el lavabo con el dedo. Se movió lentamente y consiguió salir, mientras que mi madre le preguntaba que demonios había pasado allí dentro...mis hermanas estaban plantadas en el pasillo sin entender muy bien que pasaba, así que salí y me uní a la conversación ya que tenía gran interés por saber cuál era el motivo de peso que había provocado la parálisis transitoria de mi progenitor en el excusado. 
Si os digo que lo que casi provoca un infarto a mi padre fue un pequeño dragón... ¿cómo se os queda el cuerpo?...lo mismo pensé yo, tanta tontería por esto...ese pobre animal si debió sufrir un infarto hasta que conseguimos sacarlo del wc. Para que entendáis mejor que ocurrió os diré que estaba mi padre lavándose la cara, cuando cogió la toalla y al secarse, el pequeño lagarto le saltó a la mejilla. Entiendo que se asustara porque a mí me habría pasado igual, pero quedarse catatónico por enfrentarse a un pequeño dragón...es un poco ridículo, ya que estuvo más de media hora dentro sin poder moverse. Esta claro que mi padre frente a ciertos animalitos... pierde su hombría.
La segunda anécdota es más divertida y ocurrió hace muchos años un día que mis padres paseaban por el paseo de Castelldefels y a mi madre le cayó una hojita de un árbol en la espalda. Ni mis hermanas ni yo presenciamos aquella imagen...pero me habría gustado porque se que, me habría reído a gusto. 
Debo aclarar que a mi madre siempre le han aterrado todo tipo de insectos y cuando se ha visto frente a alguno ha perdido los nervios rápidamente y no ha tenido reparos en gritar, correr o subirse donde fuera necesario. Ahora que se ha hecho mayor los tolera bastante mejor, pero años atrás se ponía domo loca. 
Aquel día de verano, caminaban mis padres de la mano mientras charlaban tranquilamente y una ráfaga de viento provocó que una pequeña hoja cayera en la espalda de mi madre que, acto seguido se puso a gritar en medio del paseo, a desabrocharse la camisa y a desnudarse mientras le indicaba a mi padre que le quitara lo que le había caído en la espalda. Mi padre entre risas, asombro y desconcierto hizo todo lo posible para que mi madre no acabara desnuda en medio de la muchedumbre y tan pronto como vio que, lo que había en su espalda era una hoja, se lo dijo y la cogió para enseñársela y que así se calmara. Al principio mi madre no se lo creía y seguía dando gritos con la intención de quitarse el resto de la ropa si era preciso. Mi padre tuvo que hacer grandes esfuerzos por calmarla y sobretodo evitar que se quitara la ropa. Tras montar aquel espectáculo, se calmó y ambos se dirigieron con paso firme al coche y con la cara más colorada que el bote del tomate Orlando.
Esta segunda anécdota nos la explicó mi padre y siempre le ha provocado mucha risa porque sigue recordando aquella escena y como el resto de personas les miraban sin entender que narices pasaba...sólo veían a una mujer histérica gritando y medio desnuda, mientras un hombre trataba de calmarla entre risas, evitando que se quedara como Dios la había traído al mundo...para filmarlo ¿no creéis?.





Gubi's place.

miércoles, 7 de septiembre de 2016

Scape room...




El scape room es un juego de aventura psicológica que consiste en resolver una serie de acertijos para poder salir de la aventura gráfica a tiempo. Para poder iniciar el juego han de haber mínimo dos personas. Este tipo de actividad empezó a coger fuerza en el año 2006 en Estados Unidos, Japón y Taiwan, entre otros y poco a poco se ha ido extendiendo hacía Europa, Australia y Norte América, entre otros.
Cómo ya os he comentado se ha de resolver una serie de misterios en un tiempo limitado que nos permitirán movernos hacia diferentes estancias y de esta forma avanzar en el juego. Actualmente encontramos gran variedad de versiones y aventuras que nos permiten viajar en el tiempo y de golpe y porrazo entrar en una casa de los años veinte dónde se produjo un asesinato, encontrarnos en una mazmorra que guarda tras sus paredes un oscuro secreto o sentir el mayor de los agobios en un sótano oscuro y de dimensiones reducidas.
Mi primera experiencia ha sido buena, no obstante lo único que mejoraría del lugar sería el nivel de la música que en momentos era ensordecedor y no nos permitía comunicarnos con claridad e hizo que nos colapsáramos en varios momentos y la cantidad de polvo y suciedad que había. Estaba muy bien ambientada la aventura en sí, pero por muy antigua que fuera la casa, en este caso de los años veinte, digo yo que esas personas limpiaban un poco ¿no? porque vaya tela marinera, en algunos momentos me daba la sensación de que tocaban las piernas, como si me saltaran insectos y me producía tremenda angustia, además del calorazo que hacía allí. Aunque creo que el calor lo fuimos provocando a medida que nos movíamos por la casa y aumentaba nuestra tensión, nuestros nervios y nuestro miedo, todo se ha de decir. Porque nos dimos buenos sustos creedme y eso que éramos cinco adultos, sin embargo hubo un momento en el que nadie se atrevía a salir a un pasillo. 
También me gustó mucho como el chico nos explico la historia, nos puso en antecedentes y nos transportó a aquella época. Para que podáis entender un poco de que iba os comento que es la historia de una mujer llamada Myra Savage una prestigiosa médium, demonóloga y mística nacida en Boston, especialmente conocida por su colaboración en la construcción de la casa Winchister. De padres emigrantes catalán e irlandesa, comienza desde muy joven a interesarse por el espiritismo y todo lo relacionado con lo paranormal.
Tras la muerte de su padre y el consecuente abandono de su madre, Myra empieza a emplear el ocultismo como vía de escape de forma habitual. Durante su adolescencia se gana la vida trabajando en una de las fábricas de armas de la familia Winchister a la vez que comienza a obtener sus primeros beneficios con la lectura de cartas, manos, runas y a realizar sus primeros contactos con los espíritus. Será en esa misma fábrica donde Myra verá aparecer su gran oportunidad.
Llegará entonces a oídos de Sarah Winchister, quién sufre de una larga depresión desde la muerte de su marido en 1881 y de su hija Annie en 1866, ambas ocasionadas por accidentes con los rifles de la empresa familiar, que en una de sus fábricas trabaja una chica que se define a si misma como médium. Sarah, sospechando que la familia Winchister ha sido víctima de una maldición, decide contactar con Myra para que la oriente en la búsqueda de una solución que le impida correr el mismo trágico final que el resto de su familia. Es por ello que Myra le indicará que deberá construir una casa pero no terminarla nunca, porque de esta forma los espíritus jamás podrán encontrar una morada dónde habitar.
¿Qué os parece?, todo esto explicado con un tono de voz penetrante y misterioso, por lo tanto comprenderéis que a partir de ahí yo ya quería irme porque em vaig acollonir una micona, lo reconozco, la valentía en estas cosas no es mi fuerte y eso que soy consciente de que nada va a pasar pero me sugestiona. No quise decir nada porque mi pareja ya lo había reservado y tampoco me apetecía escuchar: -que gallina eres-, pero ostras tú, empezaron a sudarme las manos y al traspasar la primera puerta y acceder a la primera estancia sin poder ver nada y con aquel olor característico y peculiar en el ambiente que me apresaba, estuve varios minutos después deambulando como un autómata sin saber muy bien que debía hacer. Y soy consciente de que el chico que nos observaba a través de las cámaras debía estar partiéndose el pecho porque no era para menos. Ahora lo pienso y me río, pero allí reconozco que me cague un poco. 
No obstante, como os he dicho la experiencia ha sido muy positiva y anima a probar otras muchas más.
No haré publicidad de este sitio, porque como ya he comentado varias veces no me gusta hacerlo a no ser que sea algo excepcional, pero teniendo en cuenta que os he explicado la introducción de la historia tal cual se narra en la página Web...será fácil que sepáis dónde está. Yo sólo os animo a que vayáis con amigos a disfrutar de una actividad totalmente diferente porque es sano darle al coco de vez en cuando y dejar el fútbol y otras gilipolleces varias que dan por la caja tonta.




Gubi's place.

jueves, 25 de agosto de 2016

Viajar en avión...



La verdad es que no he volado demasiadas veces en avión, pero teniendo en cuenta de que me dan miedo las alturas y que cada vez que entro en una máquina de estas me produce claustrofobia, admito que no es el lugar que más me atrae para pasar en el varias horas.
Yo no se si es debido a la estructura interna de estos aparatos, cuyos techos bajos y la estrechez de los pasillos hacen que el calor humano tome mayor protagonismo o si es debido a que la falta de espacio me fastidia tanto que a los pocos segundos de sentarme en esos incómodos asientos y colocarme ese pedazo de cinturón sacado de una película de terror ya me quiero bajar. Sea lo que sea, no me inspira confianza y me cuesta bastante relajarme cuando he de volar.
Aunque de un tiempo a esta parte y debido al hecho de que en estos últimos años he viajado bastante en avión, lo empiezo a tolerar un poco mejor, pero digamos que aunque digan que es uno de los medios de transporte más seguros, yo prefiero ir a pie que queréis que os diga.
Recuerdo la primera vez que subí a un avión hace ya un tiempo, me cogió un ataque de ansiedad de la hostia, estaba acompañada por otra pareja con la que me había ido de vacaciones a Tenerife y sintiéndolo mucho le di el viaje al pobre. 
Recuerdo que al principio me entró un calor sofocante y a pesar de que el aire acondicionado estaba en marcha yo me estaba asfixiando. Después un ataque de pánico me invadió y en pleno vuelo me quería bajar, no podía estarme quieta parecía que me había dado el baile de San Vito, el que era por aquel entonces mi pareja no supo como calmarme y creo que lo pasó él peor que yo, que ya es decir. Encima nos metimos en medio de una tormenta. Recuerdo las turbulencias como si fuera ayer y eso que han pasado ya varios años. El avión se movía con bastante brusquedad como si fuera una montaña rusa y la tripulación empezó a ponerse nerviosa por lo que se oía de vez en cuando algún que otro grito. En esos momentos y debido al ataque de ansiedad me dio por reír, así como os lo cuento, todo el mundo acojonado porque además se veían los rayos a través de las ventanillas y yo partiéndome el pecho literalmente. El que fue mi pareja por aquel entonces no entendía nada, me miraba como si me hubiese tomado algo porque mis reacciones eran de lo más anormal. Primero me quería bajar y después me desternillaba de la risa cuando cruzábamos aquella tormenta. Lo más normal del mundo vamos.
Aquella fue una de las experiencias más extrañas que he vivido, cuando baje del avión estaba totalmente agotada, como si hubiese corrido una maratón.
Hay que ver a veces las reacciones que tenemos, se apodera de nosotros el miedo y la adrenalina nos hace comportarnos de manera totalmente ilógica.
Nunca me ha vuelto a suceder, gracias a Dios, a día de hoy cuando despega aún me produce una sensación extraña pero luego durante el vuelo lo llevo mucho mejor.
Los aviones causan respeto a muchas personas, conozco varios casos de gente que no lo pasa muy bien cuando ha de volar e incluso se ponen a llorar. No entiendo muy bien el por qué produce ese efecto en las personas. 
Yo sigo insistiendo que es debido a la estructura y a la forma como esta aprovechado el espacio interior y también que no es lo mismo viajar en primera clase, dónde puedes estirar las piernas, que viajar en clase turista dónde parecemos tamagotchis incrustados en aquellas engorrosas butacas. Todo se ha de decir, porque yo he viajado en ambas y se parecen lo que una vaca a una pelota vamos. Pero si fuera millonaria y tuviera mi jet privado quizá esto supondrían minucias para mí y volar sería todo un placer.
¿Qué tal han sido vuestras experiencias dentro de uno de estos?





Gubi's place.

lunes, 15 de agosto de 2016

Darkness...




La finalidad del post no es comentar la película, que podría hacerlo sin duda, pero no lo voy a hacer porque prefiero que las personas que no la hayan visto la vean y opinen por ellos mismos; en su lugar voy a explicar una anécdota que me sucedió cuando la vi entera por primera y única vez, porque lo he intentado después y no tengo bemoles, no he sido capaz de volver a ver este filme desde el principio hasta el final porque me da miedo.
Pero para entender mejor que me pasó al verla, os debo confesar primero que la oscuridad no es algo que me haga mucha gracia al igual que a muchos mortales, aunque de un tiempo a esta parte lo llevo bastante mejor. 
Pero es que cuando vi aquella película tal y como indica el cartel, volví a tener miedo a la oscuridad de nuevo. Para que nos entendamos, me cagué, lo puedo decir más alto pero no más claro. Además recuerdo que al ver la película en casa de mi novio cuando aún no habíamos hecho la reforma y había mucha menos luz de la que hay ahora y la casa todavía no era tan confortable como lo es ahora, me invadió un miedo tremendo porque me entraron ganas de ir al baño. 
Por aquel entonces no teníamos televisor y veíamos las películas en el ordenador en la habitación de matrimonio, así que la idea de desplazarme desde allí hasta el baño me parecía menos atractiva que darme un baño en la playa en pleno mes de Febrero. Pero  como no me quedaba otra me dirigí al aseo con más miedo que Naranjito cuando veía el anuncio de Zumosol. Ya que para más inri está situado en un pasillo largo y estrecho y no hay cosa que odie más de una casa que eso. Aunque a día de hoy ya me he acostumbrado, pero las casas con largos pasillos me ponen enferma. Ya que tengo otra anécdota que me sucedió en Valencia en la casa que tenía alquilada mi tía, en paz descanse, a una estudiantes...pero esa es una historia para otro post distinto. Pero con esto os digo que lo mio con los interminables pasillos viene de lejos.
Pues lo que decía, me fui al baño y al salir se fue la luz...buff piernas para que os quiero, me dije, corrí como alma que lleva el Diablo, como si acabara de ver a la Mare de Dèu de l'Empenta. Así que con los brazos hacia adelante intentando encontrar la pared y gritando como una posesa salí del baño hacía el comedor como si fuera el Coyote. Recuerdo que me choqué contra la puerta y al llegar me tiré de bomba en el sofá y allí me quedé acurrucada y tapada con la manta.
Mi novio a día de hoy, aún se ríe de aquello porque fue entre cómico y patético la verdad. Yo no puedo dar una explicación lógica a mi comportamiento, el miedo me poseyó y me paralizó, sólo quería salir de aquel pasillo infernal y llegar hasta el comedor dónde estaba mi pareja. Allí ya me sentí sana y salva. Como cuando jugábamos a tu la llevas y para que no te tocaran te subías en algo y decías bien alto:
 -casaaa-, pues esto fue igual. Para mi el sofá era lo mismo que decir casa.
 Pero es que la peliculita se las trae en serio. A mi me pasa eso de verdad y me da un telele. Esta muy bien hecha y te sugestiona de mala manera, ya que hay alguna que otra escena que conviene no ver en solitario porque sino me atrevo a decir que la gran mayoría, con la que me incluyo, no se levanta de donde esté y da igual si hay que evacuar o entra un apretón, yo soy capaz de hacérmelo encima con tal de no mover ni una pestaña.
Así que para los que no os de miedo las películas de suspense o terror, os recomiendo verla porque considero que vale la pena. Para los demás, no la veáis solos si puede ser.





Gubi's place.



lunes, 23 de mayo de 2016

¿Por qué algunas personas tienen tanto miedo a los insectos?




Hay ciertas personas que tienen auténtico pavor cuando un insecto se les acerca, esta fobia se denomina Entomofobia y se caracteriza por sentir un miedo irracional y extremo hacía los insectos y otros artrópodos. Esta fobia puede llegar a tratarse y minimizar en parte los efectos que causa el estar cerca de un insecto o incluso el tocarlo.
Yo no pretendo tomarme a guasa este tema ni mucho menos, pero si que me voy a permitir el lujo de comentar, con sentido del humor, hasta donde llega la fobia que siente una conocida mia hacia nuestros amigos los insectos.
A medida que se ha ido haciendo mayor, esa fobia ha ido en aumento hasta rozar límites realmente surrealistas e incontrolables. 
Recuerdo en una ocasión hace varios años que ella sostenía mi cámara de fotos con la intención de inmortilzar un momento en familia. Hasta aquí todo parece normal ¿verdad?, hasta que una abeja se posó en su mano y pasó en cuestión de segundos a deleitarnos con un baile tipo break dance en el que mi cámara salió volando literalmente dibujando una espiral perfecta en el aire para estrellarse a los pocos segundos contra un suelo de adoquines acompañando el terrible impacto con un sonido que auguraba un mal final para la pobrecilla. Estoy segura que la abeja se llevó un susto mayor del que sufrió ella...yo soy la abeja y me da un patatús allí mismo. Pero lo sorprendente es que la cáma sólo sufrió el desplazamiento de la carcasa, a nivel interno estaba intacta y seguía funcionando, cosas de la tecnología.
La cosa no acaba aquí, recuerdo una calurosa tarde esperando el metro en una estación de la ciudad condal, cuando de la nada apareció lo que creo era un moscardón dando vueltas y revoloteando tranquilamente. Yo me percaté de la presencia del insecto cuando mi amiga casi cae a la vía del metro del ataque que le cogió. Entiendo que tenga miedo, pero hay que controlarse porque puede provocar un accidente y después todos lo lamentaríamos enormemente. 
No sé como hay que tratar esto, pero si se que uno no puede lanzarse a la vía del metro porque hay una mosca volando...venga va, ¡que no es un dinosaurio joder!, si así fuera hasta yo salgo corriendo.
Otra de las personas que conozco que sufría gran temor hacía los insectos, es mi madre, que en una ocasión casi se desnuda en medio del paseo de la playa de Castelldefels porque una hoja cayó en su espalda. Se que no debería decir esto, pero me entra la risa cuando me acuerdo de la anécdota, que queréis que os diga. Ahora a medida que se ha ido haciendo mayor, ya casi no tiene miedo, que curioso.
La verdad es que cuando a alguien le asusta un insecto reacciona de manera bastante cómica, con esto no quiero dar a entender que me ria de las desgracias ajenas, pero hay cosas mucho peores por las que asustarse no por los insectos que simplemente cumplen su función dentro del ecosistema y que sólo picarían o morderían si se sintieran atacados, por lo tanto, si se les deja tranquilos ellos siguen su camino. Pero entiendo que muchas personas esto no lo vean. 
Ahora que me he ido aficionando mucho más a la fotografía, me doy cuenta de que fotografiar insectos es divertido y no te hacen nada, porque están demasiado concentrados en cumplir su cometido y esto me ha ayudado a perder el poco miedo que tenía hacía ellos. El respeto no lo pierdo porque nunca se sabe, sobre todo con las avispas, pero en el fondo no suelen ir a por tí a no ser que les toques la narices y te metas donde no te llaman. En ese caso, entiendo que se defiendan.
Lo gracioso es ver como una persona en cuestión de segundos sale corriendo por ver un insecto y lo que no sabe es que muchas veces te siguen, sobre todo las abejas y ahí es cuando corres el riesgo de que te piquen por hacer aspavientos con las manos.
Lo mejor es mantener la calma y cerrar los ojos si es preciso, acabarán yéndose a los pocos minutos. También procurad no llevar ropa con tonos muy llamativos o perfumes extremadamente fuertes en verano, cuando estéis cerca de vegetación porque eso también les atrae.
Consigna, no tengáis miedo no hacen nada. Quizá molesta el zumbido o la forma de volar, pero pensad que ellos están más enfocados en cumplir sus objetivos que en picar a las personas.
Espero que os haya gustado, saludos.




Gubi's place.


domingo, 8 de mayo de 2016

¿Por qué nos aterra tanto la muerte?




La muerte tal y como la entendemos es el final de la vida terrenal. Concepto que a la mayoría de lo seres vivos les apena y aterra de la misma manera. En esta sociedad en la que vivimos no se nos prepara para afrontar este hecho, inevitable, que forma parte de nuestra existencia, ya que sin vida no hay muerte y para que haya muerte debe haber vida primero.
No quiero dar a entender que a mí no me preocupe, porque no es cierto. Me entristece y pienso en ello de vez en cuando...con más intensidad a medida que cumplo años. Entiendo que es inevitable no tenerlo en cuenta porque tarde o temprano la muerte nos alcanzará. 
Ojalá a todos nos atrapara en nuestro hogar, en nuestra cama, rodeados de nuestras cosas, nuestros recuerdos y vivencias...con más de un siglo a nuestras espaldas y habiendo cumplido nuestras metas y deseos...con la tranquilidad de quién ya no espera nada porque pudo cumplir todos sus anhelos. 
Suena muy poético pero en reaalidad es la muerte que todos deseamos...y seamos sinceros, la que todos merecemos. Porque no hay nada más honoroso que morir con dignidad.
Todos los seres humanos queremos vivir, queremos estar bien, mantenernos en forma, ser jóvenes...sólo algunos desean realmente poner fin a este trayecto tan fascinante, tan peculiar, tan duro, tan lleno de interrogantes...que llamamos vida. Es una lástima que algunos no sepan valorar lo que tenemos y no le saquen más partido. Es una pena que las personas no seamos capaces de dejar los odios, los rencores, la competitividad y los problemas a un lado y aprendamos a vivir con mayor calidad de vida. Es una pena que estas cosas no se enseñen en la escuela...sería estupendo una clase para aprender a vivir.
Personalmente me he propuesto llegar a los cien y lo voy a cumplir ¡que narices!. Tengo muchas cosas por hacer aún y mi deseo es ser mejor persona, aprender a interactuar con los demás mucho mejor de lo que he hecho hasta ahora, reír más y pensar menos...me refiero a pensar cosas positivas que me llenen y liberarme de aquellas que no me aportan nada. 
Lo verdaderamente triste no es la muerte, sino no vivir con intensidad. Hay personas muertas en vida y personas que desprenden vida. Son curiosos juegos de palabras pero si observais a vuestro alrededor lo podréis comprobar. La vida hay que vivirla, no queda otra, para eso estamos aquí. A veces las cosas no salen bien, a veces nos tropezamos y nos caemos, pero hay que volver a levantarse.
Todos algún día moriremos, no sabemos cuando pero a todos nos va a llegar el día del juicio final. Es muy fácil decir que hay que afrontarlo con valentía porque forma parte de nuestro ciclo vital...pero es que en realidad es así. Nunca estaremos preparados para ello, pero no por eso hay que dejar de vivir.
Como conclusión quiero confesar que mantengo la teoría de que hay algo más tras la muerte, quizá abandonemos el cuerpo que nos han dejado para caminar por este planeta...pero y si después resulta que hay algo más...yo quiero creer que es así. No puedo entender que todo el trayecto de la vida no sirva más que para ser recordado en un vídeo o en una foto...me niego a creer que este es nuestro destino final. Creo que hay algo más para lo que no estamos preparados en vida...pero como aún me quedan varios años de vida, aguardaré con paciencia y buen humor.
¿Vosotros que pensáis? también ¿os da miedo morir?.








Gubi's place
 

domingo, 7 de febrero de 2016

Regression



Acabo de ver la última película de Alejandro Amenábar, Regression, basada en hechos reales. La película da miedo porque estos temas son serios y durante la década de los 90 afectaron a gran parte de Estados Unidos. El papel de Ethan Hawke como el detective Bruce Kenner es bastante bueno, los decorados, la música y el jugar con las sombras ayudan a la película que es bastante lenta. Esperaba más acción e intriga.